Queridos Marín, Martinoli y García

Queridos Marín, Martinoli y García,

Queridos Marín, Martinoli y García,

Les confieso que he hecho una locura. En un arranque de euforia, compré un boleto de avión, y me largué a España el fin de semana. Ustedes me entenderán perfectamente, porque de estar en mi lugar, hubieran hecho lo mismo. No podía perderme el final de una historia tan increíble. Nunca me lo hubiera perdonado. No me pregunten cómo, pero logré colarme al Estadio Santiago Bernabéu para vivir esta apoteosis que hoy resuena en todo el mundo. Me siento privilegiado. Esto no se me va a olvidar nunca, igual que Glasgow, París, Ámsterdam y todas las Finales que me ha tocado vivir. Casi no he dormido porque me pasé toda la noche en La Cibeles, celebrando la trigésima Liga, y sobre todo recordándolos a ustedes, que por cuestiones de trabajo, no pueden estar conmigo aquí.

Inevitablemente, en esta vida, siempre estamos viniendo de atrás, nadando contra la corriente, subiendo una cuesta, luchando en condiciones de inferioridad, soportando críticas, ataques, combatiendo con la espalda contra la pared, urgidos ante la tiranía del tiempo, por eso, este título, a diferencia de otros, hoy nos sabe a tanto. Durante cuatro durísimos años esperamos este momento y hoy, amigos, puedo decirles que he visto el triunfo de la vergüenza, la victoria de la valentía, el regreso del Cid Campeador ganando batallas imposibles. 

He visto a Capello, el armador de campeones, siete veces ganador de la Liga en Italia y España, con tres equipos distintos; al hombre que le entregaron una colección de futbolistas millonarios, y que nos regresó un equipo hambriento y Campeón. He visto a Fabio, riendo al último, y riendo mejor. Igual que como hoy reímos nosotros. 

He visto a Raúl, esa flama incombustible, siempre levantándose para intentarlo otra vez, siempre creciéndose al castigo como ocurre con los toros de raza. Superando sus fracasos y multiplicando sus victorias. Ejemplo de fidelidad, defensor a muerte de la causa "blanca", héroe incondicional del madridismo. 

He visto a Van Nilsterooy venir de atrás para terminar como Pichichi de la Liga, y como bota de plata en Europa en su primera campaña como merengue. He visto a Cannavaro, con su sonrisa eléctrica y su gesto de conquistador, otra vez levantando un trofeo, porque nació para cargar títulos.  

He visto a nuestro Robertinho Carlos, despidiéndose de mano de cada empleado del club antes de partir a Turquía, embarcando una caja repleta de trofeos donde hay tres Champions, cuatro Ligas, la Intercontinental, la Copa del Mundo, la Copa América, y quien sabe cuántos más. Jamás lo olvidaremos.

He visto a Casillas soñando con más y más gloria desde su portería; a Michel Salgado correr por la banda como si fuera un novato; a Robinho graduándose en la alta competencia; a Helguera jugando y jugando siempre sin importar el entrenador que llegue a banquillo; y así, amigos, los he visto a todos hechos uno sólo, porque este "ha sido el triunfo de la unión", como bien lo ha dicho nuestro Capitán Raúl.

Pero el que más me ha conmovido ha sido Beckham, que este año sufrió una terrible injusticia, y que hoy se va a Los Angeles con la Liga bajo el brazo. Nunca ha estado más lejos de la imagen del divo. El inglés demostró, que sobre todas las cosas, ama el juego y su profesión, y por eso, ha sido noble y respetuoso con su oficio. El Bernabéu le ha ovacionado de pié la noche del domingo, y como ustedes saben, esta afición nunca regala un aplauso. Se va como un caballero, como un competidor entregado y leal, por eso el madridismo le respetará por siempre.

Es una pena amigos, créanme, ojalá pudieran ver lo que yo veo. Yo sé que les gustaría estar aquí celebrando conmigo, con los cientos de miles que comparten nuestra alegría, con todos los que nunca dejamos de creer y jamás negamos nuestra causa. Ya será en otra ocasión.

Aquí dejo esta carta, porque hay que seguir celebrando. Saluden a Hugo de mi parte, felicítenlo. Esta es la cultura del triunfo donde se forjó. Por eso, él es como es y, a veces, la gente no lo entiende. Imagínense lo orgulloso que debe sentirse.

Saludos desde Madrid.

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