¡Rafa is Class!

Si existiera un Diccionario Universal de Futbol encontraríamos en la "C" de "Clase" a futbolistas como Michel Platini y Zinedine Zidane, Johan Cruyff y Beckenbauer, Enzo Francescoli y Fernando...

Si existiera un Diccionario Universal de Futbol encontraríamos en la "C" de "Clase" a futbolistas como Michel Platini y Zinedine Zidane, Johan Cruyff y Beckenbauer, Enzo Francescoli y Fernando Redondo, todos ellos, estetas de la cancha, príncipes del juego, efigies arquetípicas, personajes que por su estilo y figura inspirarían a pintores y escultores. Maradona y Ronaldinho cabrían sin problemas en esta sección, pero habitarían mejor la "M" de "Magia"; Hugo Sánchez, Mario Kempes, y Van Nistelrooy vivirían en la "G" de "Gol", y a Pelé, lo encontraríamos sentado en el solitario trono de la letra "R", de "Rey". En México los hemos tenido en casi todas las variantes, aguerridos, electrizantes, poderosos, temperamentales, pícaros, originales, incisivos, mágicos, tercos, irreverentes, simpáticos, afortunados, pero la "Clase", esa virtud que hace de un futbolista poderoso y elegante a la vez, eficaz y estético, ganador y artista, ha sido escasa en el futbol mexicano. Se trata de una subespecie que se da poco en nuestros campos, los cuales, a cambio, nos proveen de futbolistas veloces, correosos, luchadores e inteligentes.

En nuestro nivel, lo de Cuauhtémoc, más que clase, es magia, irreverencia, y picardía. Estarán de acuerdo que el "Temo" no es precisamente la representación de la plasticidad. Luis Hernández era eléctrico, explosivo e incontrolable, pero no exquisito. Borgetti es contundente, aéreo, mortífero. Luis García era oportuno, certero, ganador. Nery es audaz, sísmico, escurridizo. Pero "Clase", en toda la extensión de esta palabra, al menos en la actualidad, sólo podemos utilizarla cuando se trata de Rafael Márquez.

Su regreso a la Selección coincide con la mejoría del equipo. Márquez reapareció en la Final de la Copa de Oro, contra Estados Unidos, el mejor juego de México en toda la competición de CONCACAF y ha ejercido una autoridad imperial en la Copa América. No quiero decir que él haya cambiado todo, pero hay que reconocer que su liderazgo es indispensable y su influencia es determinante para futbolistas que viven sus primeras experiencias oficiales con el equipo nacional como Jonny Magallón, Israel Castro y Fausto Pinto. En los tres casos, deben sentirse muy tranquilos de voltear  y ver a un futbolista de la categoría de Rafa dirigiendo la defensa. 

Distinguido, refinado y gallardo, el juego de Márquez, además de efectivo, emana encanto, exquisitez y refinamiento. No es lo mismo ver golpear el balón a Rafa que a Torrado, aún cuando el pase sea igual de efectivo y llegue, en ambos casos, al destinatario. El primero es musical y gracioso, el segundo es tosco y metálico. Los dos son admirables y necesarios para la victoria del equipo, pero encarnan interpretaciones antagónicas de la misma emoción. Torrado ocuparía la "G" de Guerrero o la "T" de tenaz. Márquez ocuparía un lugar en la "C" de "Clase", de "Capitán", y me gustaría soñar que también en la "C" de "Copa", de "Continente" y de "Campeón". Como dirían los ingleses, "¡Rafa is class!".

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