Porteros: ¿Quién se pone?

"¿Quién se pone? ¿Nadie? Ándale, ponte tú y al gol cambiamos". Cuántas veces escuché esa frase en los partidillos escolares o durante las tardes de verano en el parque que estaba enfrente de mi...

"¿Quién se pone? ¿Nadie? Ándale, ponte tú y al gol cambiamos". Cuántas veces escuché esa frase en los partidillos escolares o durante las tardes de verano en el parque que estaba enfrente de mi casa. Porque -que yo recuerde- nunca fue fácil encontrar un portero, y me refiero a uno que lo hiciera con gusto, que disfrutara el reto, "que se aventara", que fuera valiente, que pidiera a gritos vivir el juego allá atrás, en el fondo, sobre la línea, y con la inmensidad de la puerta a punto de derrumbarse sobre de él.

Por eso, los guardametas conforman una especie distinta dentro de la naturaleza del futbol. Son tipos que están dispuestos a vivir bajo reglas opuestas en muchos casos a la esencia del juego; y también a vestir diferente, a entrenar a su propio ritmo, y a que se les mire de otra manera. Porteros, tipos raros; futbolistas protagónicos, seres con tendencia a buscar el heroísmo renunciando al gol; por eso aprenden a lanzarse de manera hermosa por los aires; porque para ser arquero o "keeper", como lo llaman en Inglaterra, hay que tener un cierto sentido de la estética y estar dispuesto a crear una estampa artística en medio de una situación límite. 

En el futbol mexicano los tenemos en todas las presentaciones: elásticos como Oswaldo Sánchez y Guillermo Ochoa; musculosos, arqueros de gimnasio como Christian Martínez del Monterrey, Moisés Muñoz de Monarcas y Omar "Gato" Ortiz de Jaguares; robustos –un tanto rellenos- como Miguel "El Gordo" Becerra, segundo arquero de Santos; atléticos como Miguel Calero; flacos como Mario Rodríguez del Atlas y Cirilo Saucedo de los Tigres; altos, muy altos como Adrián Martínez del San Luis, quien mide 1.92, y bajitos pero potentes como siempre lo ha sido Oscar "Conejo" Pérez con su 1.71 metros de estatura.   Si los clasificamos por su personalidad o por sus "looks", en México tenemos también nuestro portero "retro", Federico Vilar, del Atlante; nuestro portero "galán", Christian Martínez, del Monterrey; un arquero "fresa" como Guillermo Ochoa; un guardameta rudo como Omar "Gato" Ortiz. Los hay serios y sobrios como Jorge Bernal del Veracruz; elegantes como José de Jesús Corona de los Tecos; y los tenemos extrovertidos como Oswaldo Sánchez, quien además es líder mandón; elocuentes como Hernán Cristante del Toluca; abiertos y cordiales como Oscar "Conejo" Pérez de Cruz Azul.     Los hay –por supuesto- muy jóvenes como Guillermo Ochoa del América, 22 años, y José Guadalupe Martínez, 24, del Puebla; y otros viejos, señores de la puerta, como Hernán Cristante, que pronto cumplirá 38 años; y Bernal de los Pumas que tiene 37.

Hay porteros de un solo amor, de un solo club, como el "Conejo" Pérez, que juega ininterrumpidamente con Cruz Azul desde 1993; y otros que se mudan regularmente de equipo como Cirilo Saucedo, quien a los 25 años, ya ha pasado por León, Veracruz, Dorados y Tigres.  Pero al final cada uno, dentro de su personalidad, conforma esa extraña subespecie dentro de la naturaleza del futbol: porteros, tipos raros, diferentes, atletas valientes dispuestos a vivir siempre en las antípodas del juego; un día héroes y amados, otro día villanos vituperados. "¿Quién se pone? ¿Nadie? Ándale, ponte tú y al gol cambiamos" ¿Te atreves?

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