';Lo importante no es ganar';… ¿Es lo único?

Estamos echando todo a perder. El legado, la historia, los héroes, las hazañas, a tus ídolos y los míos, toda esa magia con la que crecimos y que constituía una de las pocas cosas en las que...

Estamos echando todo a perder. El legado, la historia, los héroes, las hazañas, a tus ídolos y los míos, toda esa magia con la que crecimos y que constituía una de las pocas cosas en las que todavía podíamos creer. Somos necios y estúpidos. Profesionales del engaño. Maestros de la decadencia. No hemos terminado de entender que al destruir estos principios, nos hacemos daño a nosotros mismos y dejamos en total incertidumbre a las generaciones que vienen atrás. 

Ha sido un año nefasto para el deporte, plagado de escándalos, estafas, y sospechas: el caso de espionaje de McLaren en la Fórmula Uno, TRAMPA; el dopaje de Alexandre Vinokurov en el Tour de Francia, TRAMPA; la reincidencia de doping de Salvador Carmona, TRAMPA; la confabulación de Ruiz Esparza para ascender al Puebla, TRAMPA; la farsa de DIDA, portero del Milán, en la Champions League, TRAMPA; las artimañas de Bill Bellichick, entrenador de los Patriotas de Nueva Inglaterra en la NFL, TRAMPA; el dopaje confeso de Marion Jones, más TRAMPA; y hasta el pseudo maratón de Roberto Madrazo en Berlín, que aunque nos valga un pepino a ti y -doblemente- a mí, no deja ser una TRAMPA. Todo…TODO…por querer ¡Ganar como sea! 

Y no crean que me estoy poniendo sentimental, ni purista, ni nada de eso. Hace mucho que vivo de la industria del deporte profesional y tengo muy claro que siempre ha habido gente corrupta que está dispuesta a ganar a cualquier precio; pero lo de este año es el colmo. Fue muy triste ver a Marion Jones, esa fuerza de la naturaleza, esa chica con cara de niña alegre, ejemplo por muchos años para la niñez estadounidense, quebrarse por dentro tras confesar que se había dopado; que le había fallado al olimpismo, a su país, a sus seguidores, a sus amigos, a su familia, a ella misma. No quiero ni imaginarme como vivirá el resto de sus días cargando esa culpa.   

Y todo esta ruina inició cuando le perdimos el respeto a los valores universales del deporte en aras de la cultura absolutista de "ser el número uno". "Lo importante no es ganar, sino competir", dijo el Barón Pierre de Coubertin hace un más de un siglo cuando fundó el movimiento olímpico, y un visionario como él, no decía aquello a la ligera. Hay quienes hoy, desprecian aquél fundamento y lo tachan de conformista. Hay quienes lo han modificado y dicen que "lo importante no es ganar…es lo único". Nada resulta más equivocado. No han entendido nada. El mensaje del Olimpismo es una filosofía de vida que exalta y combina el equilibrio de todas las cualidades del cuerpo, la mente y el espíritu. Si la frase hubiera perdido vigencia, hace mucho que el COI hubiera prescindido de ella.

El deporte es tan generoso que no sólo premia al primer lugar, sino que reparte bendiciones para todos los que profesan su fe. Pregúntenle a Belem Guerrero, que siendo Medalla de Plata en Atenas 2004, la adoramos; al marchista Noé Hernández, que su segundo puesto en Sydney 2000 le cambió la vida; al Sargento Pedraza, al que no recordaríamos tanto de haber quedado en primer lugar en los 20 kilómetros de marcha de México 1968, a Fernando Platas, a Jesús Mena, a Oscar Salazar, a Iridia, y muchos otros hombres y mujeres de bien, que lucharon hasta el final y hoy viven con la conciencia tranquila, sin nada de que arrepentirse, porque no le fallaron a nadie, y mucho menos a ellos mismos.

La culpa de lo que está ocurriendo no es del deporte sino de nosotros, que no hemos sabido entender cuál es su misión dentro del mundo y nos hemos dedicado a premiar desmesuradamente a todo aquel que llega en primer lugar, en cualquier actividad, dentro o fuera del deporte, sin importar cómo lo logra y el daño que se provoca a sí mismo al conseguirlo.

Si no hacemos algo por detener esta decadencia moral, y recuperar la credibilidad y los fundamentos del deporte, sin importar si terminamos primeros, segundos, o últimos, un día de estos perderemos todo lo bueno que desde pequeños nos mantiene aquí: las historias de superación, los héroes del esfuerzo, el auténtico legado. Y ese día, seguirá habiendo ganadores corruptos, campeones millonarios, triunfadores bajo sospecha, y yo no asistiré más a los estadios, me encontrarán en el circo, en el teatro, o mejor aún, en la lucha libre, que combina a ambos.

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