¿Con qué historia vas a comenzar el día?

Es lunes por la mañana y abro como siempre, todavía con la pijama y la bata puestas, los periódicos del día. Paso, adormilado, cada página, sin que alguna noticia me entusiasme demasiado. Lo hago...

Es lunes por la mañana y abro como siempre, todavía con la pijama y la bata puestas, los periódicos del día. Paso, adormilado, cada página, sin que alguna noticia me entusiasme demasiado. Lo hago por rutina, porque es mi trabajo, porque llevo muchos años haciendo lo mismo. Nada me sorprende, o mejor dicho, nada me inspira. Ni la goleada de Pumas, ni los diez equipos clasificados a la fase final del torneo, ni el gol de Guardado. Pura costumbre. Hasta que, perdido en la página 50, encuentro al pie de la hoja, una fotografía de un tipo vestido de amarillo, con la lengua de fuera, recargado sobre las rodillas: es Lance Armstrong, quien ayer corrió el Maratón de Nueva York, el segundo de su vida.

Y es en ese momento en que despierto verdaderamente. ¿Qué hace Armstrong corriendo maratones cuando lo ganó todo sobre la bicicleta? ¿Por qué salir a torturarse durante 42 kilómetros si podría dedicarse a tomar el sol en alguna playa? ¿Qué impulsa a Lance? ¿Qué ideas y pasiones gobiernan su espíritu? ¿Qué es lo que provoca que el tipo se levante cada día a lograr nuevos retos? Y tras cuestionarme todo esto, las preguntas se regresan contra mí como si fueran violentos boomerangs. ¿Qué ideas y pasiones regulan mi espíritu? ¿Qué me impulsa o deja de impulsarme? ¿Qué me frena para vivir mejor? ¿Qué me impide realizar cosas asombrosas como las que hace Lance?

Armstrong terminó el maratón en la posición 698. Le bajó 13 minutos a su anterior marca. Finalizó con 2 horas 46 minutos 43 segundos (cinco minutos más lento que el pseudo récord de Roberto Madrazo en Berlín), un estupendo tiempo para un corredor no profesional, y además encabezó a un grupo de 130 personas del "Team Livestrong", quienes recaudaron medio millón de dólares para continuar su lucha contra el cáncer.

Ese es Lance, el ser humano que no deja de asombrarme. El personaje que me inspira con cada uno de sus gestos. Y entonces, así, en pijama y todo, encuentro algo sobre lo que bien vale sentarse a escribir. Una historia que merece ser contada y que es capaz de darle sentido al resto del día. Así que busco por todas partes los mensajes de Lance. Fotos, posters, videos, comerciales, entrevistas, todo aquello que pueda hacerme vibrar esta mañana. Y como se imaginarán, encontré cosas asombrosas que hoy comparto contigo.

Una frase: "Y pedaleé y pedaleé…como si nunca hubiera pedaleado en mi vida. Impulsando mi cuerpo y mi bicicleta por caminos y montañas, hacia arriba y hacia abajo, por cada monte que pude encontrar. Y después, rodé, seguí rodando, cuando nadie más lo hacía". Son las palabras que Lance Armstrong puso al pie de una extraordinaria fotografía de Graham Watson, en la que se ve al siete veces ganador del Tour de Francia entrenando solo, apenas seguido por un automóvil, una tarde lluviosa, en los Pirineos.

Un Comercial de Nike, aquí lo describo: es Lance, pedaleando a toda velocidad en alguna carretera como sólo él sabe hacerlo. Es Lance, rodando poderoso a la par de un tren sobre las planicies de Texas. Es Lance, dándole alcance a una banda de motociclistas Harley-Davidson en el camino. Es Lance, levantando el puño victorioso para saludar a los niños de una escuela. Es Lance, pedaleando en un paraje americano junto a una manada de búfalos. Es Lance, rodando de día y de noche, en el calor y en el frío, en el desierto y en la lluvia...

Es Lance, andando en una carretera solitaria y en plena ciudad. Es Lance, inquieto, incansable, irreprimible, y detrás de él, cientos, miles de personas, siguiendo su rueda, pedaleando igual. Es Lance, rodando sobre las calles de Plano, Texas, la ciudad donde creció, y detrás de él, un niño, pedaleando arrítmico, con un casco de futbol americano que le queda grande, y una mochila colgando del manubrio. Es Lance... Es Lance...

Un Mensaje: "Este es mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él. Puedo entrenarlo, presionarlo, estudiarlo, fatigarlo, analizarlo, escucharlo... Todos quieren saber qué es lo que hago con mi cuerpo... algunos incluso me cuestionan bajo sospecha.

¿Y qué hago? Te lo diré: lo pongo sobre la bicicleta y lo castigo seis horas al día, todos los días del año. ¿Y tú? ¿Qué haces con el tuyo?”  Una Historia: Armstrong pedalea con su equipo por los bosques franceses, cuando de repente pasa junto un circo. La contorsionista, el acróbata, el payaso, el Director, ven con profunda impotencia cómo su estrella, el elefante, está tumbado a punto de morir. "No está respirando", dice con tristeza el "hombre-bala". Lance desmonta, se acerca, en un acto de empatía, y se arrodilla junto a la bestia. Toma una bocanada de aire, y la descarga en la trompa del elefante, una... dos veces. Los pulmones del animal se hinchan, y de repente, la bestia se pone en pie. "¿Para qué hacer deporte?", pregunta una voz en el comercial. "Para tener pulmones sanos", responde.

Una Aventura: Lance Armstrong pedalea en plena competencia por la carretera. De pronto, voltea a ver a sus perseguidores y les lanza su habitual mirada previa al ataque. Es un reto, un desafío. Armstrong acelera y emprende la fuga. Sus rivales se lanzan furiosos detrás de él. No pueden dejarlo escapar. Sin embargo, ésta no será una carrera común. Lance los llevará hasta límites insospechados. De repente Armstrong se sale del camino y se mete por una vereda boscosa. Lo que era una competencia de ruta, se convierte en un reto a campo traviesa. Los rivales de Lance comienzan a caer, unos atascados en el fango, otros derribados por las ramas, alguno más es incapaz de cruzar el río. Lance sortea todos los obstáculos, libra la cascada, salta el tronco muerto, hasta que llega a un barranco. Ahí, frena, hace una pausa para tomar aire, y se lanza valiente por el despeñadero. El último de sus perseguidores fracasa en su intento por alcanzarlo, cae entre las rocas; y una vez solo, Lance se reintegra a la carretera, para seguir pedaleando.    Lance no es Superman, no es invencible, no es perfecto, pero es mi ídolo. Y por eso, trato de seguir su ejemplo desde mi realidad y con mis propias facultades ¿Quién es el tuyo? ¿Con qué historia vas a comenzar el día? Busca alguna. Es tu combustible para vivir.

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