Robinho ¿dónde es la fiesta esta noche?

Surca la banda como una culebra. Danza, recibe, amaga, tira diagonales, remata, mete centros endiablados, pero sobre todo pedalea y se divierte… pedalea y encanta… pedalea y baila… hasta que sus...

Surca la banda como una culebra. Danza, recibe, amaga, tira diagonales, remata, mete centros endiablados, pero sobre todo pedalea y se divierte… pedalea y encanta… pedalea y baila… hasta que sus rivales, envenenados con tanto truco, engañados por su fantástica "bicicleta", caen hipnotizados en la trampa.

En ese momento, Robinho gana y nosotros, nos tallamos los ojos, esperamos la repetición, e incrédulos aplaudimos… nos maravillamos. 

El chico escuálido de las favelas de Sao Vicente, la maravilla del Santos de Pelé, se ha encontrado a sí mismo por fin en el Real Madrid.

El despertar ha ocurrido en su tercera temporada y Robinho ha reaparecido para rescatar el futbol "arte" y colmarnos de placer. Robson da Souza "Robinho" siempre ha sido un chico alegre y saltarín, un enamorado del pagode, una samba acaramelada, el problema fue que, orillado por el secuestro de su madre, llegó antes de tiempo al Real Madrid y le faltaban músculos para soportar el voltaje del futbol europeo. Al menos, eso pensaban sus entrenadores.

Cuando con 21 años dejó al Santos, medía 1.70 y pesaba sólo 60 kilos. Wanderlei Luxemburgo le ordenó engordar y Fabio Capello detectó demasiados huesos debajo de la camiseta blanca, por lo que le sometió a arduas sesiones de pesas en el gimnasio. "Antes Robinho estaba flaco".

"Ahora", explica Capello; "ha ganado músculo y potencia". Y a más músculos, más kilos, más fuerza y más velocidad. Y también mejor "bicicleta", diría yo.

Hoy Robinho llena de alegría a la hinchada del Real Madrid, y la verdad es que no se sabe si por pesar más o por jugar mejor. Además, Bernd Schüster, su actual entrenador, ha aprendido de los errores de sus antecesores y lejos de cargar a Robinho de responsabilidades defensivas, le ha puesto a un galgo detrás llamado Marcelo, un brasileño capaz de subir y bajar por la banda cincuenta veces por partido.

Así, Robinho ha quedado libre de hacer lo que le plazca, de montarse en su "bicicleta" para irse de fiesta y sentirse apreciado y consentido. "Capello me pedía que bajara a defender cada vez que perdía la pelota", explica, "y Schüster no me lo pide".

"De este modo, estoy más fresco para hacer el uno contra uno. Corro menos atrás y no llego tan cansado arriba".Y es que Robinho es un artista, y a los artistas no los puedes atar para que hagan sus mejores obras porque, si se sienten atrapados, no hacen nada", reflexiona un dirigente del Madrid; "los artistas necesitan sentirse libres".

Por eso, en lugar de castigarlo por regresar tarde de Brasil tras irse de fiesta luego de un partido de su Selección, Schüster le dijo que lo necesitaba, que no era partidario de multarlo y que seguiría siendo titular. Y ante el Olympiakos, en la Liga de Campeones, Robinho respondió al gesto de complicidad con una exhibición personalísima: dos pases de gol, dos goles y un penalti provocado con su bicicleta.

"No pido perdón por la fiesta, sino por la tardanza. Infelizmente, cometí un error. No volverá a pasar", dijo el ídolo. Robinho electriza la cancha. Escapa del molde y la rutina y por eso exige que le traten diferente a los demás. Robinho le da vida al futbol. Le pone música al juego. Honra al pasado, rinde tributo al recuerdo de "Garrincha", Coutihno y Pelé. Se divierte y gana. Baila e ilumina.

Pedalea… pedalea… pedalea… y después de menear su asombrosa "bicicleta" viene el gol… y Robinho dulce como pocos, sale corriendo cadencioso, chupándose el pulgar de caramelo, y con pasitos musicales y ligeros, choca los talones en el aire, clink…clink, de lado a lado, como si fuera Fred Astaire, faltándole sólo el bastón y el bombín.

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