Rosique

¡Qué manera de sufrir!

Lunes 3 de Diciembre del 2007



El Atlético de Madrid es un veterano del sufrimiento. Pocos equipos grandes en el mundo han tenido una existencia tan delirante como la de los Colchoneros. Si el terrible síndrome bipolar que aqueja a algunos humanos pudiera presentarse en un club de futbol, el "Atleti" sería un ejemplo recurrente. Esa tendencia a los extremos, a la euforia y la agonía, son la marca de su gente, su historia y su destino. Por eso, dicen que ser del Atlético de Madrid "no es fácil de explicar, pero que es algo, muy, muy grande".

Me han dicho ellos, los atléticos, ahí, sobre la melancólica ribera del Manzanares, que en su corazón hay "razones que las razón no entiende" y que por eso aguantan todo, los largos años de desdichas y los contados momentos de gloria. Y me han confesado también, a mí, que tengo el corazón blanco, que ellos siguen ahí, a pesar de lo difícil que ha sido su existencia: "por historia… por tradición… por orgullo… porque somos diferentes… porque tras caer siempre nos levantamos… porque sólo nosotros podemos entendernos… porque sabes que los demás jamás sentirán algo así… POR COJONES… Atlético de Madrid".

Y yo siempre los escucho atento, como si todo aquello tuviera en el fondo algo poético, algo tristemente hermoso. Y me dicen los aficionados rojiblancos que para entender lo que pasa / Hay que haber llorado dentro / del Calderón, que es mi casa… / O del Metropolitano / donde lloraba mi abuelo / con mi papá de la mano; tal y como escribió el irredimible colchonero Joaquín Sabina.

Y yo les juro que trato de imaginar todo aquello y ponerme en su lugar. E intento proyectar que sería de mí como hincha, si en lugar de haber crecido contento y ganando como me ocurrió siguiendo al Real Madrid, lo hubiera hecho siempre al borde del susto como ocurrió con ellos, los del "Atleti". Y por eso los respeto mucho, y algunos me parecen entrañables; porque no lloriquean por todo como los del Barça; porque soportan lo indecible y llevan su raza con orgullo; porque se han soplado lo peor y no desisten, porque su bandera es la resistencia, porque ya demostraron que son capaces de ir hasta el fin del mundo, y regresar con ganas de seguir soñando.

Respeto a los "atléticos" porque cada domingo antes de ir rumbo al estadio, se cuentan, como si fueran toreros, las heridas que tienen en el cuerpo, se untan un extraño ungüento rojiblanco y salen de casa, como si fuera la primera vez, como si no hubieran perdido nunca, dispuestos soñar. Porque las victorias, igual que "la primavera" les han durado un segundo, un título de liga en treinta años; porque rehuyen las modas, porque son "adictos al veneno del balón envenenado" y hasta los quiero un poco porque su uniforme era igual que el mío cuando era pequeño.

Respeto al Atlético porque un día escuché a Don Agustín de la Fuente Quintana, socio No.1 del club, contar que: "a los 63 años me quité el tabaco… no fue fácil, pero lo conseguí. Cuando cumplí setenta dejé el anís. Con fuerza de voluntad me quité hasta el vinito de las comidas; y he conseguido superar la sal, el café, las apuestas y las cartas… Pero al puñetero Atléti… mmmhhh!... Me mata… me da la vida".

Respeto al Atlético porque sé que hay abuelos, padres e hijos que siempre estuvieron orgullosos de ser lo que son. Y los respeto porque lo que se gana con esfuerzo es mucho más valioso; porque no siempre hay que escoger el camino más fácil, porque a los hinchas colchoneros nadie nunca les va a regalar nada, y porque justamente por eso son grandes. Y los admiro porque a veces no sé de dónde sacan fuerzas para seguir y para transmitirle ese sentimiento a sus hijos.

Rindo tributo al Atlético porque, como merengue, los extrañé cuando se pasaron aquel "añito en el infierno", metidos en la alcantarilla de la Segunda División; y nunca dejaré de admirarlos y de contar y recontar sus historias de pasión porque como dice su himno del Centenario: "¡Qué manera de aguantar! / ¡Qué manera de crecer! / ¡Qué manera de sentir! / ¡Qué manera de soñar! / ¡Qué manera de aprender! / ¡Qué manera de sufrir! / ¡Qué manera de palmar! / ¡Qué manera de vencer! / ¡Qué manera de vivir! / ¡Qué manera de subir y bajar de las nubes! / ¡Que viva el "Atleti" de Madrid…! / Con dinero y sin dinero / somos los primeros / ¡Que viva mi "Atleti" de Madrid! / Qué manera de viajar a la gloria gritando, / ¡Que viva mi "Atleti" de Madrid! /.

Y ahora, después de tantos años de ser blanco, ya hasta los quiero un poco y soy el primero en afirmar que nuestro "Vasco" Aguirre no podría haber llegado a mejor club que éste; porque en el fondo, él es igual a ellos, a todos los atléticos; es un luchador, un admirable "cabeza dura", un tipo apasionado por las mismas cosas desde hace tanto tiempo.

Y por eso, cada domingo estoy al pendiente de lo que les pasa, siempre les deseo lo mejor y hasta me alegro cuando ganan. Mientras ellos, los Colchoneros, siguen ahí, igual que yo en este momento, escuchando a Sabina, imaginando un montón de historias, aguantando, sufriendo, palmando, soñando con el día que ganen el partido "más hermoso del mundo".

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