Buscando magia

Abre los ojos….Ábrelos bien… porque es Ludueña el que corre con la pelota y acelera por la banda izquierda; los atlantistas reculan, crece su miedo ante la fuerza que se avecina. Ludueña, el...

"Esta vida que nosotros quisiéramos lógica es, en realidad, loca, chocante, maravillosa, y cruel. Nuestro comportamiento, que pretendemos lógico y consciente, es, de hecho, irracional, loco, contradictorio. Si observáramos lúcidamente nuestra realidad, constataríamos que es poética, ilógica, exuberante".Vicente Huidobro

Abre los ojos….Ábrelos bien… porque es Ludueña el que corre con la pelota y acelera por la banda izquierda; los atlantistas reculan, crece su miedo ante la fuerza que se avecina. Ludueña, el "Hachita", con el pie derecho como timón, engancha hacia adentro, rumbo al pico del área, para hacer todavía más violento su embate; levanta la cabeza para buscar un compañero, pero su mirada miente, engaña. De repente, contra todo flujo, contra toda lógica, picotea el balón bien abajo, para que se levante suave como un ave, para que despegue aglobado, patinando en sentido inverso, flotando por encima del portero, para cepillar el travesaño, y finalmente caer para besar la red. Gol de Ludueña. Vaselina perfecta, más que eso, sana locura, truco de magia, fascinante sorpresa que, inevitablemente, me hace sonreir.   ¿Qué pasa contigo? ¿Ya no crees en la magia? ¿Ya no guardas ningún secreto? ¿Ya no tienes un escondite? ¿Te has olvidado de los pequeños milagros? ¿De las "trampas sagradas"? ¿De los personajes fantásticos que habitan en ti? Detente un momento y comienza a recordar.

Recuerda Berlín, recuerda a Zidane. Su gol más dulce. "El penalti perfecto". Su obra maestra contra Italia. El gol reducido a su mínima expresión. Suave, lento, exacto, musical. Irrepetible por la forma y por el marco. Un acto ilógico, irracional, loco, poético. Una delicadeza impropia de esta era del futbol rocoso. Recuerda tu asombro, tu alarido al ver ese truco. Es muy posible que en lo que nos queda de vida, jamás volvamos a ver a un futbolista hacer semejante cosa en una Final de la Copa del Mundo. Somos privilegiados, nos ha tocado a nosotros y podremos contarlo.  ¿Qué sucede? ¿Hace cuánto no haces un pequeño sueño realidad? ¿Cuándo fue la última vez que te vestiste de "mago" para provocar una gran emoción? ¿Hace cuánto no liberas el ave de tu espíritu de la jaula racional?

Y así como de vez en cuando aparece un tipo como Ludueña dispuesto a salpimentar nuestra cotidianeidad; así como cada veinte o veinticinco años surge un genio como Zidane que nos hace vivir el juego al borde de la desmesura, así está entintada nuestra realidad, con la misma sustancia irracional, con ese misterio permanente. El problema es que "hemos dejado de darnos cuenta, que nos damos cuenta", y los actos poéticos nos pasan por enfrente todos los días sin que nos percatemos, sin que los disfrutamos, sin que seamos capaces de decodificarlos.      

¿Y todo esto para que? Te preguntarás tú. Porque, como dice Alejandro Jodorowsky, legendario dramaturgo y creador de la "Psicomagia": con eventos como estos provocamos positivamente a la vida. Viviendo así, hacemos "una llamada a la realidad para enfrentar a la propia muerte, a lo imprevisto, a nuestra sombra, a los gusanos que hormiguean dentro de nosotros, porque sólo “cuando captamos el mundo desde la intuición, más que desde la razón, sólo entonces, el verdadero milagro puede acontecer". 

¿Qué esperas? Haz un diamante de béisbol en medio de un campo de trigo e inventa así tu propio "Campo de los Sueños". Juega futbol mientras escuchas a Beethoveen o recitas poemas de Walt Whitman para despertar a los "Poetas Muertos". Viaja a las laderas ardientes de Saint Etienne y atrévete un día a correr, como un poseído, al lado del líder del Tour de Francia. Asume tu identidad mágica. Haz estallar los límites.  Crea. Realiza tu propio acto poético. Abrirás la puerta de una nueva dimensión y te puedo asegurar que al final, sonreirás. Tal vez eso, sea, verdaderamente, vivir.

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