¿Cómo quieres morir?

"Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal,

"Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal, pero agota el campo de lo posible".Píndaro

"Quiero morir a los cien años de edad, con la bandera de los Estados Unidos estampada en la espalda y la estrella solitaria de Texas brillando en mi casco. Quiero morir luego de lanzarme a 110 kilómetros por hora por un descenso alpino sobre mi bicicleta, cruzar por última vez una línea de meta, donde reciba el aplauso de mi esposa y mis "diez" hijos; y después, quiero tumbarme en un campo francés de girasoles, y una vez ahí, expirar por última ocasión.

"Porque una muerte lenta no es para mí, no es para un tipo como yo, que nunca ha hecho nada con lentitud, ni siquiera respirar", confiesa Lance Armstrong, al iniciar su libro, "It´s not about the bike. My Journey back to life", donde cuenta la descarnada lucha contra el cáncer que le cambió para siempre la manera de vivir.

"No sé dónde pero moriré en el agua. Lo sueño y tengo pesadillas sobre eso", cuenta David Meca, el mejor nadador del mundo en aguas abiertas, el español que de niño usaba zapatos ortopédicos y aparatos en las piernas, y que se liberó para cruzar a nado el Canal de la Mancha, el Lago Ness, el Río Nilo, el estrecho de Gibraltar, la distancia entre la isla de Alcatráz y San Francisco, y todo reto que le acelera el corazón.

"Prefiero morir vivo, que vivir muerto", pregona desde hace mucho tiempo, Jorge de Jesús "Gleason", torero temerario, poeta, cineasta, aventurero, trotamundos, loco precioso. Y en cada locura, en cada temeridad, el "Gleason" parece que te pregunta: "si viviste para morir o moriste para vivir".  

"…¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! ¡Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa". Así concluye, "19 de diciembre de 1971", un extraordinario cuento del argentino Roberto Fontanarrosa, que trata sobre el viejo Casale, un anciano enfermo del corazón, al que los hinchas de Rosario Central secuestran para llevarlo al estadio, porque según ellos, "los canallas" no perdían nunca ante, su archirival, Newell´s Old Boys, la lepra, cuando el viejo estaba en la cancha.    Y sigo buscando historias, lecciones, despertares, porque morir es la única certeza en nuestra existencia, es nuestro destino compartido. Porque, en el fondo, en cada uno de estos mensajes, encuentro una mejor manera de vivir. ¿Y tú? Cuéntame… ¿Cómo deseas morir? ¿Qué tipo de muerte honraría tu vida? Tómate quince minutos de hoy para reflexionarlo. Escríbelo, clarifícalo. Estoy seguro, que después de hacerlo, dejarás de ver tu vida pasar por la ventana y echarás a andar en busca de aventura, porque como dijera Paul-Émile Victor, el gran explorador francés del ártico, "la aventura es la única manera de robarle tiempo a la muerte".

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