El gran Guus

Guus creció ordeñando vacas y arreando caballos en la campiña de Vasserveld, un pueblito holandés, de sólo seis mil habitantes, que vive de la madera y la agricultura. Era uno de los seis hijos...

Guus creció ordeñando vacas y arreando caballos en la campiña de Vasserveld, un pueblito holandés, de sólo seis mil habitantes, que vive de la madera y la agricultura. Era uno de los seis hijos del profesor Hiddink, un maestro de escuela que ayudó a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, y que jugó futbol semiprofesional para el equipo de su pueblo, el club De Graafschap.

Cuenta Guus que al ser parte de una familia tan extensa, aprendió a compartir, a escuchar, a comunicarse, a competir, a trabajar en equipo, y también a hacerse respetar. Guus soñaba con ser granjero, pero en aquellos años 50´s, la agricultura holandesa estaba muriendo, por lo que se buscó la vida en su otra pasión, el futbol. Y como sucede muchas veces, este fantástico juego termina llevándote a lugares que jamás imaginaste.

Según dicen, Guus era capaz de poner la pelota donde quería, sin embargo, su cuerpo era demasiado pesado para sobresalir en un futbol como el holandés, en el que históricamente, se premia la velocidad. Así que luego de convertirse en figura del De Graafschap y de jugar sin fortuna para el PSV, Guus terminó su carrera en los Estados Unidos, con los Washington Diplomats y los San José Earthquakes, donde fue compañero de habitación del genial George Best, aquel norirlandés alcohólico que era el Beckham de su época. 

Como futbolista nunca supo lo que era ganar un campeonato. Sin embargo, Guus tenía un talento extraordinario para las relaciones humanas. Y una vez que se inició como entrenador, poco tardó en alcanzar el éxito, primero dirigiendo al De Graafshap; después dió el salto al PSV Eindhoven y lo hizo Bicampeón de Liga y ganador en 1988 de la Copa de Europa, tras vencer al Real Madrid de Hugo Sánchez en Semifinales y al Benfica en la Final. 

Guus nunca tuvo miedo a viajar. Así que se lanzó a la aventura para entrenar al Fenerbahce turco. Luego se fue a España, donde tuvo tres exitosas temporadas con el Valencia. En 1998 lo fichó el Real Madrid y aunque su paso no fue afortunado, ganó la Copa Intercontinental. Pero lo más impresionante de su carrera se ha visto dirigiendo a Selecciones Nacionales y sobretodo, transformando equipos perdedores en ganadores.

En 1998 llevó a Holanda hasta las Semifinales de la Copa del Mundo, y sólo una tanda de penaltis ante Brasil le privaron de alcanzar la Final. En el 2002, convirtió a Corea del Sur en un dolor de muelas y metió a los anfitriones entre los cuatro mejores de aquel Mundial. Más tarde, tomó a Australia para intentar una empresa que parecía imposible, regresar a los Socceroos a una Copa del Mundo luego de 31 años de ausencia, y lo logró tras eliminar a la rancia Selección Uruguaya en una reclasificación dramática. Ya en el Mundial 2006, llevó a Australia hasta Octavos de Final y sólo un penal controvertido les dejó fuera cuando habían hecho sufrir a Italia.  Hoy, Guus vuelve a sorprendernos con la Selección de Rusia, un equipo que llevaba veinte años sumido en la mediocridad. Cuando firmó su contrato por 2.5 millones de euros anuales, hubo quienes dijeron que sólo había ido por dinero, sin embargo, Guus instó a su Federación a tomar medidas proteccionistas para desarrollar talento. Impulsó el recorte de futbolistas extranjeros en la liga rusa e inculcó su mentalidad ganadora a futbolistas aburguesados que gozaban de los altos sueldos que se pagan hoy en esa región de Europa.

Por eso, no es una casualidad que la Rusia de Hiddink sea la revelación de la Euro 2008. Con este equipo, joven y atrevido, Guus eliminó a Inglaterra en la fase de clasificación y ahora ha dejado fuera a la hermosa Holanda, favorita al título. Una vez, más el "holandés errante", como le llaman,  ha puesto a prueba con resultados fabulosos su fórmula del éxito, a tal grado, que el Presidente ruso, Dimitri Medvédev, dijo que si Hiddink no puede regresar a Holanda, "le concederemos la carta de ciudadanía". Guus ya extendió su contrato con Rusia, y como van las cosas, es muy probable que llegue con estos chicos hasta su quinto Mundial, en Sudáfrica 2010, lo que le convertiría en el nuevo Milutinovic.

Por lo pronto, a los 61 años, Guus goza su popularidad en el mundo. Habla holandés, inglés y español. Lo respetan en todas partes. Lo desean una docena de selecciones y clubes. Lo admiran en Holanda. Le veneran en Australia. Es un auténtico ídolo en Corea del Sur, ciudadano honorario de ese país, y Korean Air le regaló, tras el Mundial del 2002, una membresía para volar gratis en sus aviones cuantas veces se le antoje el resto de su vida. También es el personaje predilecto de la localidad de Vasserveld y por ello erigieron un museo en su honor llamado: "Guuseum".

Pero a diferencia de otros entrenadores exitosos, Guus no es un obseso del trabajo. Se trata de un tipo relajado, fanático de las Harley Davidson, y suele escaparse por las carreteras para hacer rugir al máximo el motor de su pesada y gorda motocicleta. Hace no mucho, también descubrió el golf, el cual adora. Y es que a lo largo del tiempo ha aprendido que no sólo de tácticas y entrenamientos vive el Director Técnico. Tal vez, ése sea, el mayor secreto del gran Guus.

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