Volver

Volver… ¿Cuántos ex futbolistas habrá allá fuera que sueñan con volver? Volver a sentir esa angustia en el estómago que supone saltar a la cancha…Volver a jugar en un estadio lleno…Volver a meter...

Volver… ¿Cuántos ex futbolistas habrá allá fuera que sueñan con volver? Volver a sentir esa angustia en el estómago que supone saltar a la cancha…Volver a jugar en un estadio lleno…Volver a meter un gol…Volver a disputar un Clásico…Volver a ser un ídolo. Estoy seguro que habrá alguno por ahí que pagaría por regresar a un vestidor de Primera División, aunque fuera sólo por un día, enfundarse la camiseta, escuchar los gritos de mando en el túnel, ver los ojos encendidos de sus rivales, jugar para sus familias, correr hasta la extenuación, y si hay suerte… ganar.

Este fabuloso mundo del deporte está lleno de casos así. Atletas retirados que un día se hartan de vivir como gente común y corriente, y un buen día, impulsados por esa inconmensurable emoción que supone competir al máximo nivel, sacan del closet la ropa de entrenamiento, ejercitan la memoria corporal, recuerdan sus mejores movimientos, sus trucos, sus fintas, sus mejores recursos, y desafían el orden establecido, retan al tiempo, a sus detractores y se atreven a volver.    

Los toreros son el mejor ejemplo, vuelven siempre. Sus retiros duran cinco o seis años, pero los sueños de gloria siempre pueden más y un buen día los ves ciñiéndose de nuevo el traje de luces para volver a los ruedos con mucha ilusión y algunos kilillos de más.

Los beisbolistas son todavía más astutos. Se van de las Grandes Ligas pero siempre encuentran una liga invernal donde jugar cada año durante algunas semanas y volver a hacer aquello que amaron desde niños. Ahí están Fernando Valenzuela lanzando todavía su repertorio de curvas y tirabuzones; y Vinicio Castilla pegando batazos en el pacífico.

Los pilotos nunca se van del todo. Se retiran de las grandes fórmulas pero siguen corriendo más allá de los 50 años en categorías menores, porque la adrenalina que descargan en cada competencia es adictiva. Son capaces de bajarse de un Fórmula Uno para correr un auto turismo, un dragster o un tractocamión.

Los grandes Campeones de boxeo han regresado a los cuadriláteros una y otra vez. Lo hicieron Muhammad Ali y "Sugar" Ray Leonard, George Foreman y Evander Holyfied, Oscar de la Hoya y Rubén "El Puas" Olivares. En el tennis, John McEnroe, Jimmy Connors, Pat Cash y compañía siguen dando espectáculo en las canchas. Disputan partidos de exhibición o compiten con furia en los torneos para veteranos de Wimbledon o Roland Garros. Ver a "Mac" despotricar contra algún juez y escucharlo gritar "You can not be serious!" es un privilegio después de tanto tiempo.

La magia del Olimpismo también resulta irresistible para aquellos que han alimentado su vida con ella. En Beijing 2008 la nadadora estadounidense Dara Torres nos asombró al volver a las piscinas de competencia a los 42 años de edad, luego de ser madre, y colgarse un par de medallas, demostrando así que incluso en deportes de velocidad, donde la diferencia la marcan centésimas de segundo, es posible, para algunos superdotados, regresar para ganar.    El próximo verano seremos testigos del "regreso del año" cuando Lance Armstrong tome la salida del Tour de Francia para recordarnos que su lucha va más allá de los récords y la gloria deportiva, y que la suya es una misión de vida, una batalla a favor de la humanidad.    

Y cuando los veo, me pregunto: ¿Cuántos "viejos" habrá por ahí soñando con regresar a competir? ¿Cuántos futbolistas en retiro desearían al menos intentarlo? ¿Acaso el cuerpo no les alcanzaría a algunos para jugar 20 ó 30 minutos por partido? Estoy seguro que algunos son todavía más competitivos, más valientes, más ambiciosos, que algunos jugadores jóvenes que se acomodan en Primera División.

Un día de estos, me gustaría enterarme de que en algún lugar de México, algún "viejo" cercano a los 40 años, anuncia con locura sus intenciones de volver. Y me gustaría que lo hiciera por una "gran causa"; para enviar un mensaje positivo en estos tiempos de tanta confusión y tanta turbulencia; para demostrarnos que nada es imposible; para sacarnos de la rutina, para hacernos creer. Y me gustaría verlo entrenando bajo las órdenes de un gran atleta, de Ana Guevara, por ejemplo, de Alejandro Cárdenas, quizás. Desearía verlo correr tirando de un paracaídas como lo hizo Maradona previo al Mundial de 1994 y demostrar que puede volver a ponerse en forma. Y no hablo de regresar necesariamente para ganar campeonatos o ser líder de goleo, hablo de volver, simple y llanamente, a jugar, a competir. Sé que muchos de ustedes antepondrán el argumento de que "hay que cuidar la trayectoria", "hay que saberse retirar", "no hay que arrastrar el prestigio", etc. Sin embargo, allá afuera, en las canchas de Primera División, hay algunos que ya se retiraron pero que todavía no se han enterado, y eso es muy distinto a regresar uno, dos, tres partidos, una temporada corta, tal vez, para mandar un mensaje, para promover así una buena causa. Podrán estar de acuerdo o no, pero no pueden negar que sería muy divertido ver a alguna figura del futbol mexicano preparándose durante tres o cuatro meses para regresar. Piénsenlo por un momento. ¿A quién les gustaría ver otra vez aunque fuera sólo por unos cuantos partidos? Para despedirme, les dejo mi lista de "viejos" que me gustaría que volvieran del retiro. A ver si alguno se apunta: 1)Jorge Campos2)Francisco Gabriel de Anda3)Zague4)Luis García5)Luis Hernández6)José Cardozo7)Adolfo Ríos Opina de esta columna aquí.

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