Pacto con el diablo

Me gustan los porteros viejos como Hernán Cristante, tienen algo de brujos, un poco de místicos y mucho de sabios. A veces pienso que, después de tantos años de vivir bajo el marco y de sufrir...

Me gustan los porteros viejos como Hernán Cristante, tienen algo de brujos, un poco de místicos y mucho de sabios. A veces pienso que, después de tantos años de vivir bajo el marco y de sufrir tantos goles, algunos han logrado descifrar los misterios del juego, los caprichos de la pelota, los guiños de la fortuna, y por eso, aunque la elasticidadse pierde y el cuerpo embarnece, son capaces de jugar mucho tiempo y seguir ganando copas.

Recuerdo que a Hernán le conocí personalmente un mediodía de junio de 1996 en Acapulco. Cristante era, en esos años,uno de tantos argentinos que probaba suerte en el futbol mexicano y buscaba equipo en el Draft, luego de que le comunicaron que no entraba en planes para la siguiente temporada. Entre muchos futbolistas nerviosos que conocí ese par de días, recuerdo bien a Hernán porque lejos de estar agobiado, lucía relajado y aprovechaba aquel momento para broncearse y vacacionar con su familia. Algo parecía saber, algo parecía decirle que, pasara lo que pasara, el destino le tenía preparado algo excepcional.

Cristante no encontró equipo aquel verano, y regresó a Argentina para jugar un año con Newell';s Old Boys y otra temporada con Huracán. Le fue tan bien, que hasta lo convocaron a la Selección Argentina. Un buen día, Enrique Meza, técnico del Toluca, tras los sustos que le hacía pasar Miguel Albarrán en el marco, decidió traer a Hernán de regreso a México, con lo que inició una historia de amor y gloria entre Cristante y los Diablos Rojos.

Hoy, cinco campeonatos de liga después, Hernán Cristante, con 39 años de edad, no deja de sorprenderme. No me refiero a los talentos de siempre: sus reflejos, su colocación, tampoco su liderazgo descomunal; lo que me asombra es su diabólica suerte; ese talento sobrenatural para que la pelota, por alguna extraña razón, no entre en su marco; esa condición especial para que las lesiones no le aquejen, ese genio para que los rivales fallen ante su arco.

Si tú crees que el récord de 761 minutos sin recibir gol es sólo cuestión de un gran trabajo defensivo, allá tú... Si tú crees que las series de pénaltis que Cristante le ganó al Atlas y ahora a Cruz Azul son sólo obra de un talento natural para atajar penales, te equivocas. Cristante tiene algo más, un toque mágico, un espíritu futbolero obscuro y desconocido que le guía, un aura roja que le protege.

Hernán no es el único que conoce "El Secreto". Revisa la historia, ahí están el veterano Dino Zoff ganando la Copa del Mundo con Italia a los 40 años en España 1982; el viejo defensa Manolo Sanchís recibiendo la Copa de Europa para el Real Madrid en el 2000; el incombustible Paolo Maldini conquistando la Champions League en el 2007 con el Milan; el terco Ryan Giggs levantando la Copa del Europa para el Manchester United el verano anterior, y muchos viejos poderosos más.

Luego de lo que ocurrió el domingo en Toluca, después de ver como en el último pénalti que pateó Miguel Almazán se estrelló en el travesaño, golpeó la espalda de Yosgart Gutiérrez, cambió su trayectoria y terminó en gol, todo ante la mirada  misteriosa de Hernán, que aguardaba su turno, agazapado, a unos metros de distancia; no me cabe la menor duda de queCristante no sólo es un portero viejo y sabio, un arquero brujo y místico, sino que además, tras tantos años de vivir solo bajo el marco, tiene una relación especial con las fuerzas que mueven este juego, un auténtico "pacto" con el diablo, diría yo. Allá tú… si no me crees.

Eterno Hernán.

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