¿Los once de la tribu?

Se me ocurre un idea: Ya que muchos colegas y directivos han hecho una notable defensa del derecho que tienen los futbolistas naturalizados para jugar en la Selección Mexicana y aplauden este...

Se me ocurre un idea: Ya que muchos colegas y directivos han hecho una notable defensa del derecho que tienen los futbolistas naturalizados para jugar en la Selección Mexicana y aplauden este recurso como el camino para lograr mejores resultados, propongo entonces que hagamos un esfuerzo, y que dentro del marco de la ley, armemos un proyecto a largo plazo que nos permita contar con mejores futbolistas "mexicanos" en el futuro. ¿Qué te parecería que a partir de hoy la Federación Mexicana de Futbol formara una Comisión que se dedicara a visorear talento juvenil en Argentina, Brasil, Paraguay, etc., de manera en que pudiéramos firmar a esos futbolistas a bajo costo cuando todavía son jóvenes, los tuviéramos viviendo en México cuatro o cinco años y los naturalizáramos para que, un buen día, pudieran jugar en nuestra querida Selección Mexicana? Así tendríamos más de dónde escoger ¿O no? ¿No te gusta la idea? Incluso, este ambicioso proyecto podríamos extenderlo, de igual manera, hasta el Equipo Olímpico Mexicano. ¡Imagínate! Podríamos empezar hoy mismo invitando a vivir en México a unos levantadores de pesas chinos. Sí, a un par de chicos que no tuvieran muchas opciones de representar a su país por la gran competencia que tienen ahí, pero que con México irían seguro a los Juegos Olímpicos. Y ya de paso podríamos naturalizar también a unos corredores africanos y a unos nadadores australianos que pudieran llevar el nombre de México hasta las finales de sus eventos. ¡Vaya pedazo de equipo el que podríamos armar! Y lo mejor del caso es que la ley nos respaldaría en todo momento, al igual que una buena parte de los directivos y periodistas deportivos del país. ¿Qué estamos esperando entonces? Sin embargo, hay un detalle que no hemos contemplado y que los directivos y muchos colegas son incapaces de apreciar: si ponemos en marcha este proyecto, probablemente, nos quedaríamos sin aficionados. Y ¿sabes por qué?  Porque el futbol y el deporte no se viven con la cabeza, sino con el corazón. Porque en el futbol y el deporte lo que manda son la pasión y las leyendas, los orígenes y los sentimientos, no los documentos ni los recursos legales. Si eres aficionado a las Chivas del Guadalajara, comprenderás bien lo que te quiero decir.   Entiéndanlo de una buena vez, no se trata de prohibirle nada a nadie. Ojalá que Vuosso le meta dos goles a Estados Unidos; que Sinha vuelva locos a nuestros archirivales, que Leandro ponga en su lugar a Landon Donovan y que Lucas Ayala juegue los partidos de su vida con la camiseta verde. Pero el futbol es un juego y precisamente por ello, es el único lugar donde todavía podemos darnos el lujo de respetar lo que somos, ser honestos con nosotros mismos, ser leales a nuestros orígenes; porque como canta Joaquín Sabina, hincha febril del Atlético de Madrid: "hay maneras de soñar, maneras de aprender, maneras de sufrir; hay maneras de aguantar, maneras de soñar, maneras de palmar, maneras de vencer ¡hay maneras de morir; con dinero y sin dinero, somos los primeros que viva mi Atleti de Madrid!"   El futbol es tan grande en todo el mundo porque como escribió Juan Villoro, es en el fondo una expresión tribal, una maravillosa metáfora de la guerra; un rito en el que toda la comunidad puede participar y en el que nos pintamos la cara y decoramos el cuerpo para expresarle nuestra unicidad a todo el mundo y para apoyar a nuestros elegidos, esos chicos que corren detrás de un balón, esos que hablan y comen como nosotros, esos que celebran las mismas fiestas y veneran a nuestros mismos dioses, nuestros primos y hermanos, "los once de nuestra tribu".Opina de esta columna aquí.

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