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África míaLunes 9 de Febrero del 2009
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Hoy, mientras tú todavía dormías, yo jugueteaba con un cachorro de león. Sí, no miento. Esta mañana, muy lejos de donde tú te encuentras, experimenté la maravilla de que una gigantesca jirafa comiera de mi propia mano. Créeme, digo la verdad. Hace unas horas, cuando iniciaba este lunes que jamás olvidaré, acaricie al animal más veloz que existe sobre la faz de la tierra, un cheetah maduro que se posó a mis pies. Lo confieso, su imponente ronroneo me quitó el aliento. Luego vi más cerca que nunca varias manadas de leones perezosos, también a una familia de cebras apacibles, y a un grupo de antílopes nerviosos corriendo en la llanura. Y es que hoy me levanté ocho horas antes que tú, porque el futbol, este fabuloso juego, me ha dado la oportunidad de viajar a las tierras del fin del mundo, a la nación del arcoíris, al pueblo que celebrará el próximo mundial, Sudáfrica.
De este país podrán decirse muchas cosas, sin embargo ahora que estoy aquí, comprendo porque es importante darle la oportunidad de organizar la Copa del Mundo del 2010. ¿Los estadios están atrasados? Es cierto. ¿No cuenta con el sistema de transportes adecuado? No me cabe la menor duda. ¿La infraestructura hotelera y de servicios no es suficiente? También estoy de acuerdo. Todo eso lo he experimentado en las últimas horas. No obstante, también te diré que esta nación está llena de gente que sonríe y baila, de hombres y mujeres que prefieren cantar que pelear, de personas que hacen un gran esfuerzo por vivir en paz y mostrar su mejor cara ante el mundo, porque saben en carne propia lo que son la injusticia y la desigualdad.
Luego de tantos años de espera, África vivirá en el 2010 la gran fiesta deportiva de su historia. Esta gente, más que ninguna otra merece tener la alegría y la proyección que sólo pueden generar el máximo evento futbolístico a nivel mundial. Quién si no nosotros, como mexicanos, para saber todo el bien que el futbol puede hacerle a una nación. Puedes estar seguro desde ahora que Sudáfrica no nos ofrecerá los trenes bala de Japón, los estadios de Alemania o la milimétrica organización de Francia, sin embargo nos brindará una experiencia única, momentos jamás vividos, colores, aromas, sabores, sonidos, nunca experimentados en una Copa del Mundo. El futbol conquistará su penúltimo continente, el más rezagado en términos de desarrollo, pero al mismo tiempo, el más cerca aún a las verdaderas raíces del hombre.
¿Para qué quiero viajar en un tren bala si puedo acariciar un cachorro de león? ¿De qué me sirve visitar un estadio de otro mundo si puedo escuchar en vivo el canto milenario de una tribu? ¿Para qué quiero vivir un evento perfecto si puedo escuchar los auténticos tambores que identifican a esta nación? ¿Desde cuando la alegría del futbol se convirtió en privilegio exclusivo de los pueblos ricos?
Con lujo o austeridad, con presunción o humildad, con perfección o sin ella, Sudáfrica merece organizar la próxima Copa del Mundo porque esta gente anhela verdaderamente, con todo su corazón, recibir esta fabulosa fiesta. Insisto, se podrán argumentar muchas cosas, pero estamos cerca de vivir la aventura más excitante que el futbol haya conocido jamás. Por eso ¡relajáte! Pisa la tierra. Escucha de nuevo los sonidos de la naturaleza. Acércate a un animal. Mira como nunca antes un amanecer. Juega al futbol con la gente más alegre que jamás imaginaste. Créeme, desde Johannesburgo te digo que la pregunta no es qué puede hacer Sudáfrica por el futbol, sino qué puede hacer el futbol por toda África.
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Alberto Ruiz
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