Cuscatlán-México: Reflexiones de vuelo

Durante los últimos quince años, esta maravillosa profesión me ha permitido conocer estadios deportivos en los cinco continentes.

EL CUSCATLÁN Durante los últimos quince años, esta maravillosa profesión me ha permitido conocer estadios deportivos en los cinco continentes: el Attaturk de Estambul, el Defensores del Chaco en Paraguay, Anfield en Liverpool, Old Trafford en Manchester, Upton Park, la casa del West Ham United en Londres, el Giusseppe Meazza de Milán, etc. Sin embargo, lo que viví este fin de semana en el Cuscatlán de El Salvador resultó inolvidable. Pocas ocasiones había vivido un ambiente tan hostil, un escenario tan intimidante, una cancha tan incómoda y pesada para un visitante. Estoy seguro que la experiencia en el Cuscatlán no se me olvidará nunca, tal y como me ocurrió cuando visité la imponente Bombonera de Boca Juniors o el atemorizante Estadio del Santos de Brasil en Vila Belmiro. REFLEXIONES DE VUELO Cada derrota lacera la autoestima de la Selección Mexicana; cada tropiezo reabre las heridas del pasado, apuntala las dudas del presente y plaga de nubarrones el futuro. ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Por qué sufrimos tanto para crear una jugada de gol? ¿Por qué somos tan vulnerables en la defensa? ¿Por qué nos superan equipos que parecen menores? ¿Qué le ocurre a nuestras figuras? ¿Por qué están lejos de su nivel? ¿Estamos eligiendo bien a los jugadores? ¿Nos hemos casado con ciertos nombres y no con los mejores futbolistas del momento? ¿Llegó la hora de convocar a los que estén en mejor forma sin importar su jerarquía o fama? ¿Necesitamos más Pumas, más Tuzos, más del Puebla en la Selección? ¿Palencia? ¿Luis Miguel Noriega? ¿Caballero? ¿Paul Aguilar? ¿Correa? ¿'Cherokee'? ¿Están ellos en mejor momento futbolístico que algunos seleccionados actuales? No lo sé. No hay verdades absolutas ni soluciones fáciles. Simplemente le doy vueltas a este problema que cada vez nos preocupa más porque estamos llegando al punto de la Eliminatoria Mundialista donde ya no hay margen para más derrotas. LAS LÁGRIMAS DE ROGER Es fascinante ver cómo un atleta portentoso, un ganador sobrenatural, un competidor calculador, como Roger Federer, famoso por mantener su estado de ánimo en equilibrio, siempre en el "happy medium", es todavía capaz de romper en llanto al conquistar un torneo Grand Slam. ¿Cuánto deseaba Roger ese título del Abierto de Francia que conquistó el domingo? ¿Cuánto lo había soñado? ¿Cuánto había padecido esa lucha? ¿Cuánto había sufrido todos estos años para llegar hasta ahí? ¿Cuánto había entrenado? ¿Qué habrá sentido Pete Sampras (quien ganó 14 títulos de Grand Slam pero nunca pudo conquistar Rolanda Garros) al ver a Federer sollozando de rodillas sobre la arcilla de París? UN LIBRO Este domingo, en el vuelo que me traía de San Salvador a México, terminé de leer "Playing for Pizza" del exitoso escritor estadounidense, John Grisham, famoso por escribir novelas que fueron llevadas al cine como "The Firm", "El Informe Pelicano", "Jurado en fuga", etc. Grisham es fanático del futbol americano y entre los 18 libros de ficción que ha publicado hay dos obras dedicadas al deporte: "Bleachers" y "Playing for Pizza". Los aficionados al deporte estamos acostumbrados a leer libros sobre personajes reales, hechos históricos, pero de vez en cuando es bueno distraerse con algo de ficción. El libro de Grisham aborda la vida de Rick Dockery, un quaterback mediocre de la NFL, quien luego de tener una actuación terrible como tercer mariscal de campo en una Final de Conferencia se ve obligado a terminar su carrera jugando en la modesta liga semiprofesional de Italia, con todo lo que un cambio tan extremo puede representar para un jugador de la NFL. La reconocida maestría de Grisham para relatar historias hace que el libro sea una refrescante novedad para los lectores del deporte.

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