Inspiración

La inspiración es caprichosa y escurridiza, juguetona e impredecible. Nos visita por sorpresa, apenas unos instantes, y luego, sin razón aparente, se vuelve a esconder quién sabe donde.

La inspiración es caprichosa y escurridiza, juguetona e impredecible. Nos visita por sorpresa, apenas unos instantes, y luego, sin razón aparente, se vuelve a esconder quién sabe donde. Por eso a la inspiración se le debe invocar todos los días, a sabiendas de que se trata de una musa temperamental y que sólo llega de vez en cuando. Por supuesto que aquellos equipos a los que la inspiración los encuentra unidos, bien entrenados, dispuestos al sacrificio, claros de mente, fuertes de espíritu, son los que sacan mayor provecho de sus ofrendas. Así ocurrió con la Selección Mexicana el domingo en Nueva Jersey. Algo sucedió en el medio tiempo, algo pasó en ese túnel de salida que los nuestros regresaron a la cancha con otra energía, con otra luz en la mirada. No tengo la menor duda de que en esos instantes en que nuestros jugadores se repetían palabras de aliento antes de regresar a la cancha, los visitó la inspiración, y luego de 35 días de entrenamiento y disciplina, supieron recibirla. Hace mucho que no ocurría algo así. La Selección se cargó de voltaje, se encendió, y generó esa electricidad que contagia a la gente. Porque no sólo es ese 5-0 del que nos sentimos orgullosos, sino la alegría con el que lo conseguimos, el estilo y la audacia, el dominio y la genialidad. Y tras sentir su presencia y percibir el mensaje inaudible de la inspiración, Giovanni volvió a ser ese chico feliz que juega al futbol como si estuviera en el patio de la escuela; Carlos Vela fue de nuevo ese portento atlético que define sus ataques con la precisión de un escorpión; Torrado fue más que temperamento y fuerza, destacó como el líder que arrastró a sus compañeros hasta la victoria; Johnny Magallón defendió con autoridad imperial y salió orgulloso conduciendo la pelota; Efraín Juárez se entregó como aquellos inolvidables días en que jugaba con la Sub-17; y así cada uno de los nuestros, todos honraron sus talentos y se acercaron a la mejor versión de si mismos. El domingo disfruté a un equipo que jugó con una maravillosa sensación de libertad, ésa que sólo te da la valentía de enfrentar a tus fantasmas. Ojalá que el partido de eliminatoria contra Estados Unidos fuera mañana o pasado y no hasta el 12 de agosto, porque me gustaría pensar que los alientos transformadores de la inspiración se quedan impregnados en nosotros unos días. Al no ser así, espero que Javier Aguirre y aquellos que se vistan de verde ese miércoles de agosto, tengan la sensibilidad de invocar a la inspiración día tras día, con sacrificio e ilusión, y que cuando esta anhelada visitante, esta musa del deporte y de las artes regrese, los encuentre unidos, entrenados, claros de mente y fuertes de espíritu.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas