México 2018: ¿Apoyar o boicotear?

Existe un extraño afán destructivo en una buena parte de los mexicanos, me resulta incómodo aceptarlo.

Existe un extraño afán destructivo en una buena parte de los mexicanos, me resulta incómodo aceptarlo, pero creo que es cierto: No nos gustan las personas que desafían al destino; nos molesta la gente que sueñan en voz alta; nos irritan los individuos que se atreven a derribar fronteras; nos amenazan los tipos que se trazan metas más ambiciosas que las nuestras. Esos mexicanos, los que anhelan ir más lejos que el resto, son calificados como insensatos, habladores, egocéntricos, demagogos o vendedores de humo. Y por ello, cuando surge una buena idea o alguien anuncia un plan para superar nuestras tendencias mediocres, lo primero que hacemos es descalificarlo, destruirlo, boicotearlo. Con todos sus defectos y problemas; y ante el exitoso ejemplo de los Estados Unidos, la Federación Mexicana de Futbol, anunció el proyecto “México 2018”, el cual tiene como misión intentar que la Selección Mexicana gane la Copa del Mundo en un plazo de nueve años. Mientras mucha gente se lanzó de inmediato en contra de la idea, yo creo que el simple hecho de que exista un plan ya es ganancia, se trata de un pequeño paso hacia delante, de acuerdo al terrible estado de la situación. A los que hoy se burlan del proyecto yo les pregunto: ¿Hacia dónde íbamos? ¿Cuál era nuestro objetivo? ¿Cómo lo íbamos a lograr? ¿Cuál era nuestra misión? Siendo sinceros no teníamos brújula. El problema es que cuando hay un proyecto a muy pocos les gusta, y cuando no lo hay, esos mismos se quejan de que no tenemos rumbo. Si el proyecto lo presenta un entrenador extranjero se le descalifica bajo el argumento de que no conoce el futbol mexicano; si el plan lo propone un nacional, se le tacha de soñador o protagónico; si el líder en cuestión fija una meta corta pero alcanzable, como jugar el quinto partido del Mundial, se le considera mediocre y limitado; si sueña con ganar la Copa del Mundo se le define como loco o fantasioso. ¿Entonces a que estamos jugando? Tal vez por eso, el futbol mexicano se ha estancado, porque somos incapaces de elegir un proyecto y trabajar juntos; porque a los que tienen una buena idea los desgastamos hasta el hartazgo; porque a los ganadores los arrastramos hacia la mediocridad; porque sembramos dudas en lugar de certezas; porque saboteamos los procesos en lugar de apuntalar lo que está bien hecho y corregir lo que tiene defectos; porque, en conclusión, tenemos poca fe y esa incredulidad, lamentablemente, es contagiosa. Insisto, es doloroso aceptarlo, pero pareciera que en el fondo, preferimos ser mediocres pero estar juntos que permitir que algunos triunfen y así nos confronten con su ejemplo.

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