Asómbrate

Contémplalo. No dejes de hacerlo. Déjate tocar por el asombro. No pases por alto esta maravilla porque nadie sabe cuántos años pasarán antes de que volvamos a ver algo como esto.

Contémplalo. No dejes de hacerlo. Déjate tocar por el asombro. No pases por alto esta maravilla porque nadie sabe cuántos años pasarán antes de que volvamos a ver algo como esto. Recuerda este día porque, créeme, no es una fotografía más. La imagen se multiplica hoy por todo el mundo: Usain Bolt. El rostro, la figura, el cuerpo, el récord, la leyenda, el fenómeno se reproducen en periódicos, sitios web, noticieros, revistas de todo el planeta. No importan el idioma o la nación, tampoco la materia ni el entorno, se trata de una hazaña para la especie humana y nadie debe ser indiferente ante tal proeza. Es imposible resistirse ante la magnitud del acontecimiento: El hombre y su proverbial ambición por superar sus límites; el humano y su condición natural por desafiar sus fronteras. Los 9.58 segundos de Usain Bolt en el hectómetro, no son un récord más. Se tratan de una prueba irrefutable de que los límites sólo están en la mente y que la ciencia, la medicina y la física modernas, aún no lo saben todo, aunque, en algunos casos, actúen como si así fuera. Hay todavía algo más, misterios y secretos que se anidan en el corazón de los hombres, fuerzas milagrosas que provocan que suceda lo increíble sin que sepamos exactamente por qué. Más allá de ser una fuerza de la naturaleza, un portento atlético sin precedentes en el atletismo, el mito de Bolt me cautiva porque este chico ha borrado de su mente todos los paradigmas que existían entorno a los 100 metros. Durante décadas se pensó que el ser humano había alcanzado ya sus límites máximos dentro de la velocidad. Se creía que era imposible para un hombre correr por debajo de los 9.70 s., que la biomecánica humana no podía alcanzar, de forma natural, tales aceleraciones. Pero afortunadamente, siempre existe algún genio, algún loco fantástico que desaprueba las teorías, y una vez refutadas, la humanidad se libera de esas anclas mentales y avanza hacia el futuro. Así ocurrió en 1953 luego de que Sir Edmund Hillary consumó, por primera vez, la ascensión del Monte Everest. A partir de su hazaña, un millar de personas han conseguido llegar a la cima. Lo mismo sucedió en 1954 cuando el inglés Roger Bannister le probó al mundo que un humano era capaz de correr una milla (1609 metros) por debajo de los 4 minutos. Una vez derribada la frontera, muchos atletas mejoraron la marca de Bannister en los siguientes meses. Era cuestión de liberar a la consciencia colectiva de esa programación a la que había sido sometida durante tanto tiempo. Bolt aseguró el domingo en Berlín que seguirá "dando juego" al récord del mundo, ¿9.4?, ¿9.3?…¿Quién puede saberlo? Haríamos muy mal en volver a construir otro muro; y ahí estaré yo, siguiéndole de alguna forma cada vez que intente ir más allá. Porque su portentoso espectáculo no sólo me maravilla, sino que me confronta positivamente, me cuestiona para bien, me hace reflexionar sobre todas las cosas que yo no me atrevo a lograr, me invita a desafiar los límites que me han impuesto o que yo mismo me he fijado; me impulsa a derribar las fronteras que existen en mi cerebro, me inspira a vivir libre y a dejar que mi mente, esa milagrosa masa de energía y luz eterna que vive en cada uno de nosotros, me lleve hasta donde mi imaginación pueda desearlo, hasta donde mi espíritu se encuentra destinado. Para disfrutar más de esta columna te recomiendo la siguiente pieza musical del extraordinaria película "The Leggend of Bagger Vance".

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