Al demonio con el miedo

"Fernando... ¿Qué pasará si no ganas una medalla en los próximos Olímpicos?", le preguntaba la prensa a Fernando Platas semanas antes de viajar a Sydney 2000.

“Fernando... ¿Qué pasará si no ganas una medalla en los próximos Olímpicos?”, le preguntaba la prensa a Fernando Platas semanas antes de viajar a Sydney 2000. Y nuestro clavadista, demostrando un profundo trabajo psicológico y una rotunda mentalidad ganadora, les contestó: “Nada. Si no gano una medalla no ocurrirá nada. Sucederá lo mismo que me pasó en Barcelona 92 o en Atlanta 96: Nada. Seguiré siendo el mismo. Mejor pregúntenme qué pasará si ganó una medalla en Sydney... Ahí si que ocurrirán muchas cosas”. El final de la historia lo conocemos todos: Fernando conquistó en Sydney esa anhelada presea olímpica y como sabiamente predijo, ocurrieron muchas cosas maravillosas en su vida. Esta anécdota ha regresado con fuerza a mi mente los últimos días, porque apenas concluyó el sorteo de la Copa del Mundo, comenzaron a aullar los demonios de siempre para el deporte mexicano, esos fantasmas nefastos que nos negamos a matar, esos complejos de inferioridad que por alguna maldita razón promovemos de forma inconsciente y transmitimos de generación en generación. Que si Sudáfrica es el anfitrión... ¡Que miedo! Que si Francia es una potencia... ¡Que horror! Que si Uruguay tiene a Diego Forlán y a Luis Suárez... ¡Que Dios nos ayude! Que si el grupo está difícil... ¡Que mala suerte! Que con Francia perdemos... ¡Seguro! Que Thierry Henry nos vas a devorar a todos…¡Es un monstruo! Que con Uruguay empatamos…¡Todos juegan en Europa! Que los árbitros le van a ayudar a los Bafana Bafana... ¡Así pasa siempre con el local! Y quién sabe cuantas pesadillas más. ¿De qué sirve pensar así? ¿Por qué no mejor nos enfocamos en elogiar nuestras fortalezas y corregir nuestra debilidades?¿Por qué no nos ponemos a entrenar más que ellos? ¿Por qué no nos preparamos mejor? ¿Por qué no creemos más en nosotros mismos? ¿Por qué no elogiamos el talento de Rafael Márquez, la valentía de Aguirre, el hambre de Guardado, la destreza de Giovanni, el carácter de Torrado, la pasión de Cuauhtémoc? ¿Por qué no les enviamos a nuestros rivales la presión? ¿Debe México temerle a Sudáfrica, Francia y Uruguay? ¿O son ellos quienes deben sentirse intranquilos ante nuestro equipo y nuestra gente en las tribunas? ¿Por qué no nos proponemos llenar el estadio Soccer City de mexicanos en el partido inaugural? ¿Sobre quién debe estar la presión ese día? ¿Quién tiene la obligación de ganar en el México-Francia? ¿A quién le corresponde por historia ganar en el México-Uruguay? ¿Quién tiene menos que perder y más que ganar en ese Grupo A? Por mí, que el miedo se mude a Montevideo, que la presión se multiplique para el equipo Sudafricano, y que la obligación le pese a los franceses. Porque una cosa es respetar al rival y otra muy distinta temerle. Ya basta de infundirnos temor entre nosotros mismos. Es hora de que se acabe la era del terror psicológico. Ya basta de hacernos menos ante Francia y sus figuras. Ya basta de engrandecer a Uruguay por su estilo. Ya basta de sobrestimar a Sudáfrica por su condición de anfitrión. ¿Qué pasara si no le ganamos a Francia? Nada. Incluso, sería normal. ¿Qué ocurrirá si no ganamos el primer partido? Nada. Siempre podremos decir que nos tocó enfrentar al anfitrión. ¿Qué sucederá si no vencemos a Uruguay? Nada. No sería la primera ocasión que nos vencen con su estilo rocoso. Pero mejor te invito a imaginar lo que puede pasar si ganamos ese encuentro inaugural ante los ojos de todo el mundo; te propongo que soñemos juntos con vencer a Francia y dejar boquiabierto a Henry y compañía; te exhorto a que visualicemos la posibilidad de darle un “baile” a los uruguayos con lo mejor de nuestro futbol. Eso sí que cambiaría al futbol nacional para siempre. Eso si que le clavaría una estaca de plata a los demonios que nos persiguen. Eso si que haría una diferencia para México. Si nosotros no creemos en nuestra Selección... ¿Quién lo hará?  

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