¡Venga Cuauh! ¡Pégales un par de arrimones!

'Estoy muy encabronado por las críticas que me han hecho y también (pido) que se pongan un poquito de mi lado (...) Tengo 37 años, no 24', declaró el sábado Cuauhtémoc Blanco.

"Estoy muy encabronado por las críticas que me han hecho y también (pido) que se pongan un poquito de mi lado (...) Tengo 37 años, no 24", declaró el sábado Cuauhtémoc Blanco. Y les confieso que yo también lo estoy. Me parece una injusticia que a Blanco se le trate con tan poca consideración después de todo lo que ha hecho por la Selección Mexicana. ¿Qué demonios importa si Blanco falló tres o cuatro pases ante Nueva Zelanda? ¿Qué importancia tiene si el Cuauh corrió poco en un partido intrascendente ante Bolivia cuando faltan todavía 94 días para el Mundial? Lo verdaderamente fundamental es lo que Blanco puede aportar al equipo a partir del 11 de junio en Sudáfrica, cuando viene la auténtica competencia, cuando algunos (espero que no) se estarán muriendo de miedo. Me siento igual que Cuauhtémoc porque en nuestro país hay poco sentido del agradecimiento y magro respeto por los veteranos en cualquier ámbito. La experiencia se valora muy poco y, al parecer, la sabiduría aún menos. A mucha gente ya se les olvidó la zozobra que vivimos durante la Eliminatoria Mundialista, y quiero recordarles que cuando México era penúltimo lugar del Hexagonal y la calificación estaba en riesgo fue Cuauhtémoc Blanco el que encabezó junto a Javier Aguirre, la remontada. En aquellos tiempos, decían los mismo sobre el "Temo": "Ya no corre", "ya no aguanta", "ya no está para este nivel", y al final ¿qué ocurrió?: cobró los penales decisivos, metió los pases que hicieron la diferencia, y lo más importante es que, junto con Aguirre, fue capaz de que sus compañeros dejaran atrás el letargo de la "era Sven" y comenzaran a jugar mejor. No fueron sus piernas, sino su corazón, el que nos sacó del maldito atasco. ¿Entonces? ¿De qué se quejan hoy? ¿Qué critican? Si Cuauhtémoc no pasa por buen momento, habría que arroparlo, motivarlo, impulsarlo para que se ponga en su mejor forma porque eso nos conviene a todos y dejar de fastidiarle. Un tipo con sus agallas debe estar en el vestidor del equipo mexicano sí o sí durante la Copa del Mundo porque puede marcar una gran diferencia en los momentos de tensión. Podrán decir que Cuauhtemoc tiene 37 años, que corre menos que antes, que su estado futbolístico actual no es brillante, sin embargo, a la hora de dar la cara es el primero, nunca se esconde, no se espanta, y la valentía, rasgo irrefutable de Blanco, no se consigue en los entrenamientos. "Yo te voy a ser muy sincero, yo estoy pensando que después de este Mundial yo creo que ya me retiro también de Selección, esa es la realidad", reveló Carlos Salcido, al periódico Reforma, quien para Brasil 2014 tendría 33 años. Pase lo que pase con Salcido, Márquez, Osorio o Torrado dentro de cuatro de años, sus retiros o permanencias en la Selección Mexicana serán absolutamente respetables, sin embargo, a Cuauhtémoc deberíamos aplaudirle las ganas que tiene de estar en este equipo, aun y cuando, podría estar tranquilo, sin arriesgar nada, en su casa. Correr puede hacerlo cualquiera, hasta el inefable Nery Castillo al que se le ha protegido tanto. Pero una situación adversa no se remonta con piernas ni con juventud, sino con valor titánico y amor por tu país. Tener un viejo guerrero en nuestras filas, un tipo temerario, con la piel llena de cicatrices y los colmillos largos, es ventaja y privilegio. Cuauhtémoc todavía puede ganarle la batalla en el Mundial a más de un joven ingenuo y eso debe enorgullecernos. Cuauh tiene un espíritu indomable, contagia mística, es un adversario insoportable, un compañero de batalla insustituible, por eso, respetemos su veteranía, honremos su experiencia, exaltemos sus tardes de gloria, valoremos su talento, cubramos sus debilidades, pongámonos "de su lado", porque él siempre ha estado del nuestro. De hacerlo así, no descarten que el 11 de junio en Johannesburgo, con todo y sus 37 años y las piernas cansadas, el Cuauh nos regale unos amagues de barrio y, en pleno partido inaugural, haga recular a los "Bafana Bafana" con un par de arrimones diabólicos, esos que sólo un auténtico mexicano, como él, sabe hacer.

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