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Nueve días en Sudáfrica
Lunes 24 de Mayo del 2010
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Johannesburgo, Sudáfrica.- He cumplido nueve días en Sudáfrica y a lo
largo de esta aventura por la tierra de la Copa del Mundo he intentado
experimentar el alma de esta alegre y compleja nación. Un viaje es
siempre una pequeña colección de momentos, anécdotas que se superponen
unas con otras y forman un gran crisol de emociones, por lo que aquí te
enlisto algo de lo que he vivido:
1) Soccer City: El estadio está listo. El sábado fuimos parte de su
último ensayo antes de la inauguración del Mundial. La Final de la Copa
Sudafricana entre Amazulu y Bidvest nos permitió comprobar la
funcionalidad al interior del escenario, pero también el caos vial que
se registró en los alrededores. Llegar nos tomó hora y media, en un
trayecto que suele durar 30 minutos en condiciones normales. El partido
tuvo que retrasarse media hora para que pudieran llegar los
aficionados, algo inadmisible en el caso de una Copa del Mundo. No me
quiero imaginar lo que va a ser el México-Sudáfrica del 11 de junio si
la FIFA no mejora el dispositivo vial.
2) ¡Peligro! ¡Vuvuzelas!: La afición sudafricana es amigable y festiva.
En ningún momento hemos sentido el mínimo gesto de agresividad por ser
mexicanos. Al contrario, los hinchas nos invitan a su fiesta. Son
originales, ruidosos, entusiastas y muy sonrientes. Las “vuvuzelas”
(trompetas de plástico) son su rasgo característico. Según los expertos
en audición, 30 mil “vuvuzelas” juntas pueden hacer más ruido que un
avión al despegar, por lo que jugar 90 minutos ante ese perturbador
sonido puede resultar sumamente incómodo para los contrincantes de los
'Bafana-Bafana'.
3) Inseguridad: En estos nueve días de viaje tengo la sensación de que
Sudáfrica no parece, es más peligroso que México. Por supuesto que
existen barrios de altísimo riesgo como lo es Hillsbrough, en
Johannesburgo, donde habitan las mafias nigerianas; sin embargo la
generalidad indica que la delincuencia es distinta a la que sufrimos en
nuestro país. El robo por oportunidad es frecuente, pero la violencia
ha disminuido por la cercanía del Mundial. Los 120 millones de euros
invertidos en seguridad parecen estar dando resultados.
4) El hotel de concentración de México: El Thaba Ya Batswana, es una
maravilla. Se trata de un complejo ubicado en una reserva natural a las
afueras de Johannesburgo. Además de las 52 habitaciones disponibles, el
lugar tiene una capilla privada y también un espacio donde habitan
libremente cebras, conejos, y antílopes. Será muy difícil que los
aficionados mexicanos puedan apostarse afuera del hotel como ocurrió en
el Mundial de Alemania.
5) Boletos: El boletaje se ha vendido en un 90 por ciento. Quedan unos
200 mil boletos disponibles y la FIFA ha creado promociones para que se
vendan lo antes posible, entre ellas, el ofrecimiento de autobuses
gratuitos para que los aficionados puedan llegar a Nelson Mandela Bay,
Nelspruit y Polokwane, las sedes donde la demanda de entradas es menor.
Los partidos que menos boletaje han vendido son los de Nueva Zelanda,
Honduras y Paraguay.
Lo mejor es que, después de nueve días en Sudáfrica, la aventura apenas
ha iniciado y la riqueza natural de esta tierra me maravilla a cada
momento. Los sudafricanos me contagian con su optimismo. Disfruto los
aromas, los colores, los sonidos, las texturas, y sobre todo me siento
bienvenido a la Copa del Mundo, y exhortado a vivir una de las mejores
experiencias de mi vida. Falta poco… Aquí estaremos.
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