Rosique

Sabores de Sudáfrica

Martes 18 de Mayo del 2010



Te escribo desde Sudáfrica, la nación que este año se proyecta hacia todo el planeta gracias a la Copa del Mundo. Llevo cinco días recorriendo un país que no deja de asombrarme y pasaré aquí los siguientes dos meses viviendo, estoy seguro, una fabulosa aventura. Desde la primera vez que viajé hasta este rincón del continente, cuando la Selección Mexicana inició la Eliminatoria el año pasado, sentí que Sudáfrica tenía bastante parecido con México, tal vez porque se trata de una nación con tremendos contrastes sociales y, al mismo tiempo, una extraordinaria riqueza natural. Johannesburgo, la gran urbe de África, refleja como ninguna otra ciudad sudafricana esa abrumadora disparidad.

Me he instalado en Sandton, una zona muy rico que, desde mediados de la década pasada, funge como centro financiero y residencial de la clase alta. Rascacielos, calles limpias, mansiones con bardas electrificadas y paisajes arbolados son la cara de este moderno suburbio que tiene una vida independiente. Sin embargo, todos los días recorro J'oburg, como sus habitantes llaman a esta capital, con el fin de reflejar lo mejor posible la compleja realidad sudafricana. Basta pasar por el viejo centro o la periferia para ver la otra Sudáfrica, la de las clases bajas y en su mayoría de raza negra, donde escasean las áreas verdes, abundan edificios decrépitos y los demonios de la pobreza: el alcoholismo, la drogadicción, la ignorancia, la violencia, te saltan en la cara.

Sin embargo, cada minuto de esta estancia ha sido memorable. Viajar es una experiencia sensorial y la comida sudafricana ha sido, posiblemente, nuestro descubrimiento más preciado hasta hoy. Hace un par de noches cenamos comida exótica en "Carnivore", un restaurante espectacular con licencia para servir carne de cebra, cocodrilo, antílope, impala, además de los tradicionales cordero, res, cerdo y pollo. Aunque me remuerda la conciencia, acepto que la cebra, de sabor especiado e intenso, fue la estrella de la noche, mientras que el cocodrilo, mezquino e insípido, fue la gran decepción. También tuve la oportunidad de conocer a Marcel, el chef sudafricano que cocinará para la Selección Mexicana, quien nos regaló una cena memorable al preparar una docena de platillos tradicionales de este país: un picadillo de carne, plátano, coco y huevo; calabazas empanizadas, y una tarta de leche, resultaron inolvidables.

Estoy a punto de aterrizar en Ciudad del Cabo, el destino más turístico de Sudáfrica, por lo que la próxima semana les contaré más de las maravillas de este país y también sobre la bellísima reserva natural donde vivirá la Selección Mexicana: el hotel Thaba ya Batswana. Hasta pronto.

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.
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