Relámpagos mundialistas

Una Copa del Mundo se te mete por los ojos, te atrapa con su luz incandescente, mucho antes de que el cerebro sea capaz de procesar los conceptos.

Una Copa del Mundo se te mete por los ojos, te atrapa con su luz incandescente, mucho antes de que el cerebro sea capaz de procesar los conceptos.

Por eso, el portentoso gol del sudafricano Tshabalala, ese relámpago que encandiló al Soccer City, fue la mejor manera de inaugurar el Mundial más exótico y peculiar de la historia. Hubiese sido perfecto, de no ser porque fuimos nosotros, los mexicanos, los que lo sufrimos.

A partir de ese momento, el evento nos ha regalado momentos inconmensurables y condenatorios, goles de pellizco, jugadas musicales, y como sucede siempre, algunos partidos perfectamente olvidables.

Pero…¿Qué esperabas? Para encontrar el arte hay que buscar y buscar, esperar con paciencia a que ocurra ese pequeño milagro que, por un segundo, te quita el aliento. Así es la cosa, al menos durante la Primera Fase y antes de que lleguemos al emocionante terreno de la eliminación directa.

* “El hechizo “Jabulani”: Como estamos en África, tierra de brujos, chamanes, ritos ancestrales y maldiciones, estos primeros cuatro días han transcurrido bajo el hechizo que parece tener el “Jabulani” en contra de los porteros.

Si pensaste que Oscar “Conejo” Pérez había estado muy nervioso en el México-Sudáfrica, es hora de que le descargues de culpa, porque luego de ver lo que le ocurrió al guardameta inglés Robert Green, al arquero argelino Faouzi Chaouchi y al portero paraguayo Justo Villar, la actuación del “Conejo” fue casi maravillosa.

Hay quienes se quejan del nuevo balón. No es mi caso, una pelota con vida como lo es ésta, hace más emocionante cada tiro al arco y eso beneficia el espectáculo.

* El novedoso romanticismo alemán: La Alemania más joven en 76 años sorprendió al iluminar la cancha con su sentido del tiempo y el espacio, su capacidad para el engaño en espacio corto y la aceleración en la última zona, pero sobre todo, por una refrescante generación de futbolistas menores de 25 años que se presentaron en la Copa del Mundo con un desparpajo admirable: Thomas Müller, Holger Badstuber, Mezut Özil, Sami Khedira, y Marko Marin.

Habrá que ver a esta Alemania ante un rival menos quebradizo que Australia, un oponente que ataque mejor y que no salga corriendo de miedo ante el primer latigazo alemán. Serbia y Ghana, dos equipos acostumbrados a niveles mayores de competencia, serán mejores sinodales para medir a esta novedosa y romántica Alemania que está cautivando al público.

* Ajustes a la maquinaria mexicana. México mostró una base sólida que Javier Aguirre ha trabajado durante muchos meses: velocidad, intensidad, obsesión por la recuperación de la pelota, entrega y personalidad.

¿Qué falta? Un plan B y un plan C para cuando la imaginación se atasca como ocurrió en el segundo tiempo ante los Bafana-Bafana. El empate ante Sudáfrica debe servir para ajustar esa maquinaria y sacar conclusiones que serán fundamentales para el resto del Torneo.

¿Carlos Vela aporta tanto como Andrés Guardado en la banda izquierda? ¿Debe Vela jugar como centro delantero para darle espacio a Guardado? ¿Podemos darnos el lujo de que Guardado pase tanto tiempo en la banca? ¿La experiencia del Guille Franco deja más que los revolucionados ataques de Javier Hernández? No pretendo demeritar el esfuerzo de nadie, simplemente de someter a debate quién puede aportar más al equipo en este momento.   * Lo que viene…: El panorama cambiará. Los debuts mundialistas suelen ser engañosos. Una vez liberados de los nervios, los equipos se expresarán mejor y podremos tener un mejor termómetro de cómo viene cada aspirante a esta Copa del Mundo.

Por lo pronto, soy paciente y agradecido. Aplaudo el gol de Tshabalala; la valentía y determinación de Rafa Márquez para ir al ataque; la frescura de los alemanes Özil y Müller; el gol de pared del inglés Steven Gerrard tras el pase de Heskey; las atajadas del nigeriano Vincent Enyeama; el hambre atacante de Lionel Messi y sobre todo, los 27 días que le restan a este fabuloso evento que, cada cuatro años, nos llena los ojos.

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