El ejemplo argentino

“Esa mañana no le rogué a Dios para que me diera la victoria, sólo le pedí que me diera fuerza y sabiduría para aceptar el resultado de mi competencia, fuera cual fuera”.

“Esa mañana no le rogué a Dios para que me diera la victoria, sólo le pedí que me diera fuerza y sabiduría para aceptar el resultado de mi competencia, fuera cual fuera”.

Aquel día de agosto, Bernardo Segura se convirtió en medallista olímpico mexicano tras conquistar el Bronce de los 20 kilómetros de marcha en Atlanta 1996. Cuatro años después, Bernardo necesitaría toda la fuerza posible para poder aceptar su descalificación tras cruzar la meta en primer lugar en Sidney 2000.

“Aceptar el resultado”; ser capaz de sobrevivir a la derrota y sobre todo, a la victoria; tener la sabiduría para no volverse loco de euforia o desquiciarse por despecho tras el desenlace de la competencia; este es, tal vez, el conocimiento más difícil de alcanzar en el mundo del deporte.

Aquellos que poseen este secreto son capaces de soportar los vientos asesinos que se respiran en la cima de la montaña cuando eres el mejor y también de eludir a los demonios de la destrucción que llegan tras la derrota.

Tal vez por eso, es que hoy siento más respeto que nunca por el futbol argentino. Su indomable afición nos ha regalado uno de los momentos más emotivos de la Copa del Mundo.

El recibimiento en Buenos Aires para la Selección Albiceleste ha estado lleno de belleza y sabiduría ¿Por qué habrían de destruir a una generación de futbolistas que tiene un gran futuro? ¿Por qué habrían de lastimar a hombres que se dejaron la piel ante un rival superior? ¿Por qué habrían de sacrificar al ídolo que durante toda su vida ha dado la cara por ellos?

Al contrario, los cantos de aliento se escucharon más lejos que nunca; los abrazos fueron más sentidos; el amor, más grande. Cosas como estas no se olvidan y ayudan a evitar que las derrotas ante un oponente que te supera en toda la regla se conviertan en un lastre, en un trauma con el que los futbolistas tengan que cargar.

Estoy seguro que estas muestras de apoyo recargarán el corazón de cada seleccionado. En lugar de destruirse y desmembrarse, los argentinos han comenzado a forjar su próxima victoria. Lejos de desunirse, hoy son más fuertes porque han sabido aceptar con sabiduría su derrota.

Cada uno de nosotros debe elegir, de forma consciente, lo que hace con sus victorias y con sus derrotas; lo que construye o destruye con ellas. Estoy seguro que hoy estaríamos mejor, más fuertes y más claros, si hubiésemos cerrado filas como afición tras la caída en Sudáfrica 2010, tal y como lo hicieron los argentinos.

Hoy mereceríamos mejor suerte si en lugar de tratar a Javier Aguirre como villano, le hubiésemos dado las gracias por rescatar a nuestro equipo como los argentinos lo hicieron con Diego Armando Maradona. Hoy tendríamos menos dudas sobre el futuro si en lugar de sacrificar jugadores e individualizar las culpas, hubiéramos curado las heridas de la Selección para comenzar de inmediato a trabajar para el 2014. 

Sin embargo, todo comienza por ser capaces de “aceptar el resultado” con honor y de comprender que sucumbir ante un rival superior no es una desgracia ni una indignidad, sino parte de la naturaleza de este juego. Aquellos que no lo entienden y que destruyen todo cuando su equipo pierde, se condenan a seguir perdiendo. Roguemos por tener la fuerza para aceptar nuestros resultados, sean cuales sean. 

*Si quieres saber más sobre la fortaleza mental de los medallistas olímpicos mexicanos visita: www.eldiademivida.com.mx

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