Los domingos a mediodia (última parte)

- Reacciona Pedro – le gritó al cachetearle la cara.

- Reacciona Pedro – le gritó al cachetearle la cara. - Súbanlo a la camilla. - Los paramédicos cargan al muchacho mientras caminamos a la banda para que el juego continúe. Todavía no recobra el conocimiento.- Bájenlo, bájenlo. Pedro, Pedro, ¿me escuchas?- ¿Fue gol? – murmuró el muchacho, me limite a asentir, dadas las circunstancias no le hacía daño pensar que lo había anotado. Lo subimos en la ambulancia y se lo llevaron al hospital más cercano. Mandé al masajista con ellos porque yo me tengo que quedar con los muchachos hasta que acabe el juego, pero nada más termine me voy corriendo al hospital para ver como sigue el chavo y si se puede que se regrese con el equipo en el camión.

De todos modos ya tenía bien estudiado el deporte y la rutina de seguirlo escondiéndoselo a José. Al principio opte por seguir el equipo con las puras crónicas de los periódicos y una que otra miradilla a los resúmenes de televisión, mientras le preparaba la cena. Los juegos nunca los veía pues a esa hora estaba siempre con Manuel. Alguna vez intente prender la tele mientras estaba con él. – Entiende amor, es para que no nos vuelva a sorprender mi marido. –

Minuto noventa. Pálidos 1, Morenos 0. De permanecer el marcador los morenos verán truncadas sus aspiraciones de acceder a la liguilla. El árbitro checa su cronometro. Ramírez a Cuevas, que la prolonga por la banda hacia Martínez; burla a un contrario y pica hacia el área. Centro templado, ay; despeja la defensa. Momento, la bola le cae a Ramírez que siguió la jugada; toca a la derecha, de nuevo a Martínez, quien perfila y dispara con furia hacia el arco... Y le clave las uñas en las nalgas festejando el gol. Siempre festejaba los goles en contra del equipo de José, pero ya nunca más volvimos a poner el juego mientras hacíamos el amor.

El primer domingo de liguilla, mientras José estaba en el bar y Pedro jugando en no sé dónde demonios; mientras Manuel saltaba de entre mis piernas a mis senos, intentando involucrarme; me di cuenta que extrañaba el fútbol como fondo; ¿será al fútbol y al sexo en el fondo? – Hoy te vas a tener que ir un poco más temprano, va a llegar antes mi marido. – No se enojó, algo tan categórico suele dejar pocas dudas. Así que nada más se fue, encendí el televisor para ver los minutos finales del juego, pero por alguna razón me seguí de largo del equipo de mi marido y puse el de los morenos, que juegan a la misma hora, sí el de los morenos, los que me hicieron marcarle las uñas en las nalgas. Me di cuenta que había aprendido tanto de fútbol, que había terminado por cogerle gusto. Como festejé el triunfo aquella tarde y les fue bien en toda la liguilla, pero perdieron la final, lastima. Al menos los pálidos no llegaron ni a semifinales.

¿Qué por qué no me he vuelto a acostar con mi mujer? Pues porque no se me da la gana. El sexo es su manera de controlarme teniéndome en pelotas y se me apetece tan poco. De todos modos cuando hace falta voy a los masajes de la esquina a liberar tensión. Para cocinar y lavar platos esta bien mi mujer. Ni modo que la dejara controlarme con pendejadas que decido yo, faltaba más. Por eso compre las camas individuales, así no se me anda acercando más de lo que debe.

Lo de las camas separadas fue de cuando traté de platicarle de fútbol. No entiendo que pudo haber sido tan grave. Casi no teníamos relaciones ya, así que me intereso y hasta le hablo de fútbol para acercarme a él y lo único que obtengo son camas separadas y ya no se vuelve a acercar a mí. No dejándome otra opción que caer antes las pretensiones del vecino, que no le gusta el fútbol, pero a como le gusta coger y que esta tan grandote que no cabemos en la estúpida cama individual y acabamos siempre en el piso y hasta en la cocina.

¿Mis papás? Si a mí me da igual. Yo lo único que quiero es que me fiche algún equipo para largarme de la casa e irme a vivir con Isabel que tiene dos meses de embarazo y cuando se entere su jefe la va correr de su casa por puta y a mí me van a madrear. Por eso quiero que me contraten, de preferencia en un equipo de provincia y así empezar de cero con Isabel. De todos modos nunca he tolerado al viejo, que todo el día esta ladrando estupideces; y pues a la jefecita si la quiero, pero ella qué va a saber, ella qué puede hacer.

Para la temporada siguiente las cosas no mejoraron. Morenos y pálidos compartían sus mediocres puestos a la mitad de la tabla y Manuel ya no presentaba nada nuevo. De hecho cada día me ponía menos atención; cada día se enoja más y cada domingo tarda más en irse antes de que llegue mi marido y lo tengo que andar arreando y sacándolo como a empujones; dice que tiene tanto derecho de estar ahí como José. A Pedro lo ficharon con el equipo de segunda de los pálidos y cada vez que esta menos en casa. El otro día vino con Isabel, que ya ha de andar para los cuatro meses. Pedro aun no me ha dicho nada, pero una madre sabe. He tratado de preguntarle con indirectas, pero o no se entera o no me quiere decir nada.

Creo que mi mamá se huele algo de lo de Isabel. Lo malo es que no tengo nada de lana y sin debutar no voy a poder sacar para el departamento y Juan no me puede prestar hasta el mes que viene. Espero que no se de cuenta el viejo antes de que me la lleve. Había pensado platicárselo a mi jefa, a ver si me echaba la mano, pero seguro para como es va y se lo cuenta a mi jefe y ser arma la de Troya.

Pedro esta en no sé que pueblo a nueve horas de aquí y José en el Estadio para el juego de los pálidos. Acabo de darme cuenta que de verdad ya no siento nada por Manuel, quien inútilmente recorre mi cuerpo con sus manos, pero mi cabeza esta muy lejos de ahí; en el juego de vuelta de los Morenos que no me deja ver. ¿Quién se cree que es para venirme a decir que es lo que puedo y no puedo hacer en mi casa? ¿Qué tiene de malo que quiera ver el fútbol, en vez de coger?

- Te vas a tener que ir un poco más temprano amor. –- No. Me vale madre tu marido; ven para acá – mientras me jala del brazo. Logro safarme moviendo el brazo hacia arriba. – No, te vas ahora, el otro domingo casi nos sorprende.- Pero todavía falta para que llegue, no te hagas. Nos echamos un rapidin y me voy ¿va?- Que no Manuel – al tiempo que me arranca la camisa.

Regrese del Estadio bastante triste, habían goleado al equipo dejándonos fuera de la liguilla. Subí al cuarto y me encontré a Patricia metiendo ropa a una maleta. – ¿Qué chingados haces? – Me largo – me contestó sin rabia. Me acerqué furioso, intenté discutir con ella, pero sólo recibía indiferencia y la ropa seguía amontonándose. Su silencio, su indiferencia, fueron demasiado. Levante la mano derecha y le di una cachetada bien puesta a ver si aprendía, a mi padre sin duda nunca le falló. – ¿Ya terminaste? – recibí por respuesta. - Cerró la maleta sin decir nada y tomándola empezó a bajar por las escaleras. Me quedé sentado en el borde de la cama, que le había servido para acomodar la ropa, esperando en cualquier segundo verla entrar por la puerta del cuarto, implorando mi perdón. Escuché como se abría la puerta de salida y la escuche gritar. – Además le vas al equipo equivocado, pendejo.- La puerta se azotó y ya no volvió a subir las escaleras.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas