De trampas y artimañas

Las trampas y argucias son inherentes a todos los equipos profesionales no solo a nivel local, sino internacional. Lo mismo en campeonatos de Liga, partidos amistosos y Copas del Mundo que en...

Las trampas y argucias son inherentes a todos los equipos profesionales no solo a nivel local, sino internacional. Lo mismo en campeonatos de Liga, partidos amistosos y Copas del Mundo que en torneos de todo tipo. Las artimañas son incontables e interminables, surgen a cada momento dentro o fuera del terreno de juego y lo mismo las hace el Real Madrid de España que el Comunicaciones de Guatemala o el Guadalajara de México y se dan desde los clavados dentro del área buscando el penal, los busca pleito que se la pasan reclamando todo el partido sacando de quicio al árbitro y al rival y otros muy representativos como son las siguientes: La cortina de humo: Se da durante la semana previa al partido en cuestión, en donde el entrenador declara por ejemplo que su equipo no saldrá defensivo y que no habrá marcaje especial para el delantero estrella, que buscarán complacer al aficionado con el futbol que tanto gusta, ofensivo netamente. Si el Director Técnico rival cae en la argucia y manda una formación apropiada para contrarrestar la táctica, puede ser avasallado a contragolpes por un equipo jugando a la defensiva, o al revés. La lesión invisible. Antes de un partido importante, se anuncia que el jugador más valioso, el goleador del conjunto está lesionado y que es un hecho que no jugará el fin de semana. El entrenador rival acomoda su plantilla de manera distinta, manda un futbol diferente, tal vez más ofensivo dejando fuera al defensa que realizaría esa marcación especial y la sorpresa se da justo antes de comenzar el encuentro y ver la alineación. El supuesto lesionado no era tal y en cambio juega mejor que nunca. La serenata. Se da sobre todo en partidos internacionales del área centroamericana. El hotel que se le asigna al cuadro visitante sorpresivamente es atacado por una gran concentración de aficionados y automóviles en las avenidas contiguas, con tráfico recurrente toda la noche en donde las bocinas no dejan de sonar. Además el hotel no cuenta con aire acondicionado o misteriosamente el mismo está descompuesto. Tienen que escoger entre abrir las ventanas y escuchar en esplendor "la serenata" o el calor insoportable del cuarto con las ventanas cerradas, de igual manera no podrán dormir. La demora. Sorpresivamente en un encuentro importante una turba de aficionados o el tráfico local se aglutina al rededor del autobús visitante. Mientras los locales ya están cambiados y calentando, los adversarios no pueden llegar al estadio, además de que el estrés ha hecho presa de ellos. Una vez en el inmueble, el vestidor está cerrado y no se encuentra la llave requerida, por lo que se pierden algunos minutos más. La seguridad. A la demora le sigue la seguridad. Se atemoriza al cuadro rival indicándole que las tribunas (previamente aleccionadas por el sonido local) están incontenibles y que se redoblará la seguridad para evitar desmanes durante y después del partido. La tención resultante es fundamental para bajar el ánimo de los jugadores, sobre todo pensando lo que ocurrirá al término del encuentro si se les ocurre ganar el mismo . Enojando al rival. Escupir, restregar, tocarle los testículos, picar con un alfiler sus gluteos o piernas, jalar la camiseta, agredir verbalmente, pisar, golpear sin ser visto son tan solo algunas de las artimañas más utilizadas buscando la venganza del contrario en el momento justo para que este sea observado por el árbitro y así poder deshacerse de un rival. El jugador caído. Tal vez el ardid más representativo son las lesiones fingidas dentro del terreno de juego. El jugador derribado se retuerce, gime y llora alegando que está seriamente lesionado, perdiéndose valiosos minutos en los que el rival dominaba. El supuesto lesionado abandona el campo en camilla y regresa un segundo después como si nada hubiese pasado. En otras ocasiones el jugador cojea algunos momentos (treta muy utilizada) el público molesto por lo ocurrido a su ídolo increpará duramente mediante silbidos y majaderías al infractor durante todo el partido, lo que se convierte en un nuevo elemento de presión. Momentos después, en la siguiente jugada ofensiva, el "lesionado" sale disparado en búsqueda el gol, su dolor ha desaparecido milagrosamente y el daño está hecho... NOTA: El rey de los estratagemas y ardides era sin duda el gran Nacho Trelles, que entre otras cosas cuando dirigía al Zacatepec pedía que el pasto del estadio Coruco Díaz permaneciera crecido y momentos antes del encuentro mandaba regar el mismo. La elevada tempertatura de la zona con el pasto mojado dejaba agónicos a los contrarios por lo que para el segundo tiempo, el Zacatepec arrasaba de tal manera que al final del torneo 1954-1955 obtuvo el campeonato de Liga con su buen desempeño como local...

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