El opio del pueblo

Algunos escritores critican al futbol y lo catalogan como el opio del pueblo, la droga masiva que se suministra a la gente para desviarla de la atención de asuntos más importantes como podrían ser...

Algunos escritores critican al futbol y lo catalogan como el opio del pueblo, la droga masiva que se suministra a la gente para desviarla de la atención de asuntos más importantes como podrían ser los políticos y económicos, que repercuten a toda la sociedad. Gerhard Vinnai, teórico político alemán, dice al respecto que en la época victoriana un grupo de fuertes empresarios ingleses "apoyaron el nuevo deporte confiados en que mantendría a los obreros apartados de toda actividad política y sindical". Enfocarnos en una teoría así, sería como degradar al futbol en toda su magnificencia. Claro que tampoco hay que descartarla del todo, algo tendrá de cierto, pero no es la verdad única ni mucho menos. En aquellos tiempos, los nuevos estatutos laborales británicos reclamaban menos horas de trabajo y más de ocio, en las que se incluían los sábados por la tarde, por lo que -tratando de evitar que los obreros se perdieran con los vicios fáciles entre los que destacaba el alcohol y que perjudicaba su desempeño en el trabajo- acordaron promover una distracción que tenía una doble función -según la teoría socialista- apartarlos de las tabernas y mantenerlos físicamente fuertes para desarrollar sus labores en las fábricas. Considerado por tanto, como un deporte de trabajadores, de escasos recursos en su mayoría, los intelectuales desprecian su práctica y sobre todo, la gran afición que despierta alrededor de él. Tan es así, que cuando el futbol se profesionaliza se convierte en un deporte de masas, los estadios se desarrollan y los obreros rinden mejor al ver a sus ídolos alzarse con el triunfo, de lo cual "los explotadores" se aprovechan para mantener "a todo un pueblo atado a los intereses burgueses", según manifiesta Clifford Geertz. El adentrarse cada vez más en sus raíces y conocer sus múltiples contenidos y de lo que del futbol se espera, no es labor de los aficionados, directivos o futbolistas, es necesario que aquellos que se dicen ser estudiosos de la conducta del hombre, le presten la atención debida. El futbol ha sido culturalmente despreciado por los intelectuales. Es utilizado por los políticos y reducido socialmente a una expresión populachera de menor cuantía, pero domingo a domingo crece su caudal de aficionados en todo el mundo, tanto los que lo ven como los que lo practican. Es un fenómeno social histórico y masivo que debería ser merecedor de una atención más respetuosa por los historiadores, filósofos, literatos y por todos aquellos que se dicen intelectuales y que muchas veces lo son nada más de taburete ya que creen de buen gusto y mayor sapiencia el presumir que desconocen de futbol, como si el esférico estuviera destinado a romper las finas vitrinas de la cultura. NOTA: Por suerte cada vez más intelectuales, escritores y personajes fundamentales en el gran pilar de la cultura mundial alzan la voz reconociendo al futbol como elemento de estudio, mostrándolo en cuentos y novelas y por supuesto digno de ser historiado. Plumas reconocidas como las de Mario Benedetti, Fontarrosa, Eduardo Galeano, Juan Villoro y Enrique Krauze han tomado con seriedad el juego y lo han plasmado de igual manera en un pedazo de papel para que todos, comencemos a respetar al futbol como algo más que un simple deporte.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas