¿Dónde quedaron las llaves?

Durante los años treinta, se acostumbraba que durante el receso del Torneo de Liga se hacía traer del extranjero equipos que jugaran una serie de varias semanas en contra de conjuntos nacionales...

Durante los años treinta, se acostumbraba que durante el receso del Torneo de Liga se hacía traer del extranjero equipos que jugaran una serie de varias semanas en contra de conjuntos nacionales como El España, América, Necaxa, Atlante o Asturias. Estos equipos internacionales, en algunas ocasiones eran de abolengo, como el Real Madrid, Barcelona, Colo Colo o el Botafogo, pero también llegaban escuadras poco conocidas como el Atlético Corrales de Paraguay o equipos cubanos de poca jerarquía. En 1934 arribó a tierras mexicanas un combinado cubano llamado Asturiano, era un cuadro de garra y decisión pero falto de técnica que suplía con violencia. En uno de sus tantos partidos tocó en suerte al Asturias de México jugar contra ellos. La mayor parte del encuentro se desarrolló sin emociones, el Asturias ganaba con facilidad y no pocos aficionados encontraron en las duras tribunas de madera acomodo para echarse la mona. Ya en el segundo tiempo, el partido se tornó violento. El árbitro marcaba las faltas cometidas por el cuadro extranjero que se suscitaban una tras otra. En una de tantas, el Nazareno Juan J. López expulsó a un jugador que acomodó sendo derechazo al defensa Carlos Laviada del Asturias. El cubano, no solamente se negó a abandonar la cancha, sino que comenzó a insultar al árbitro. El silbante pide la intervención de la policía para que saquen al jugador y esta no llega, el árbitro insiste y esta sigue sin llegar. La situación es ya insoportable, porque el isleño con dos más de sus compañeros comienzan a insultar al público asistente y a perseguir al árbitro para golpearlo. Afuera del estadio la policía aguarda pero le es imposible entrar, ya que resulta que el encargado de las puertas a perdido las llaves de la cerradura que impide que alguien entre o salga del inmueble. Al fin, se decide llamar un cerrajero que con segueta en mano corta el candado. La policía entra por el jugador, pero como el partido ya había terminado y el árbitro al momento de ver la puerta abierta se fue sin más, tuvo que conformarse con ver partir al cuadro cubano que preguntaron a los policías donde estaba Chapultepec porque se disponían ir a remar... Anécdota contada por el árbitro internacional mexicano Gabriel Nieto Lara, silbante en la década de los treinta y cuarenta.

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