El futbol nocturno

Era el año de 1940.  En la ciudad de México existían grandes porciones de llano y calzadas polvorientas sin asfaltar, como la Calzada de la Verónica. Aquí al cruce con la Calzada de la Teja estaba...

Era el año de 1940.  En la ciudad de México existían grandes porciones de llano y calzadas polvorientas sin asfaltar, como la Calzada de la Verónica. Aquí al cruce con la Calzada de la Teja estaba el Parque España en donde el 28 de marzo de 1940 se jugó por vez primera un partido nocturno en nuestro país.

La idea había sido concebida por un chileno ex jugador del América y entonces delegado en la Liga Mayor por dicho Club. Pedro Barra García, dijo que en América del Sur era todo un acontecimiento esta clase de partidos y que les auguraba enorme éxito en lo económico.

No hubo que decir más, casi de inmediato fue aceptada su idea con la que además se jugarían también por vez primera, los partidos a visita recíproca tal y como se celebraban los encuentros de Copa en Inglaterra y España. El juego marcado para la inauguración de este hecho tan relevante, fue un partido del Torneo de Copa entre dos acérrimos rivales el España y el Atlante.

El estadio esa noche se encontraba a reventar. Todo mexicano afecto al fútbol quería presenciar tal acontecimiento. En las gradas llamadas de sombra, se podía apreciar hombres vestidos de traje y sombrero de copa y mujeres con sus mejores ropas que acudían cual si fueran a presenciar la ópera o el ballet. En las zonas populares, los obreros asistían también de traje o de mezclilla para ver lo que sería un espectáculo digno de contar.

La compañía de Luz y Fuerza colocó postes de luz en las esquinas de la cancha y en las partes altas del inmueble. La cancha perfectamente iluminada salvo en los corners daba un espectáculo fabuloso. Las tribunas, en cambio, permanecieron en la más absoluta penumbra. Vendedores de botanas tuvieron que ayudarse de lámparas de mano para mostrar sus productos.

El partido dio inicio a las 20:45 jugándose un excelente encuentro en donde los morenos del Atlante vencerían al son de dos goles contra cero. Para manejar el encuentro se echó mano del mejor árbitro del momento, el internacional Carlos Esteva.

Tal éxito causó el fútbol nocturno que una línea de camiones se presentaba al término de los encuentros para llevar a los felices aficionados hasta los puntos de convergencia de las principales rutas de autobuses y tranvías. En diciembre, sin embargo, ocurrió algo digno para Ripley, cuando los partidos nocturnos se suspendieron por que el Departamento del Distrito Federal, dueño de los reflectores que eran aprovechados para alumbrar el terreno de juego, pidió los mismos porque serían utilizados -como cada temporada- para iluminar las fiestas de fin de año en la ciudad...

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