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Entre animales, patadas y 'descontones'

Sábado 24 de Noviembre del 2012

Además de ser gran futbolista, Carlos Malvido fue veterinario. (Foto: Carlos Calderón)
Además de ser gran futbolista, Carlos Malvido fue veterinario. (Foto: Carlos Calderón)

En la ya lejana década de los años cincuenta, el Atlante del General Núñez contaba con un equipo en el que sobresalían hombres como Salvador Mota, Héctor Gandini, “Chicho” Ávalos, Carlos Silva, Telmo García, Javier Rico, Carlos Calderón de la Barca y Antonio Bonessi.

Entre ellos, un delantero corpulento, recio, que no le temía al choque frontal con los defensas, era el argentino Carlos Malvido.

Malvido era de esos jugadores entrones, de carácter fuerte, lo que le costó enojos con el General Núñez, porque así como metía goles, de igual forma era amonestado y en más de una ocasión expulsado, lo que representaban multas para el equipo.

Durante su estancia con el Atlante, Carlos Malvido lograría la nada despreciable cantidad de 46 goles, por eso Núñez le soportaba su carácter.

Dos momentos de una misma temporada nos muestran como era Malvido y su temperamento dentro de la cancha.

El 13 de julio de 1958 el Toluca y el Atlante se enfrentaban en el primer partido de la Temporada 58-59. En los últimos enfrentamientos entre ambas escuadras las expulsiones o grescas ya sea dentro o fuera del campo estaban a la orden del día.

Aquella tarde, en el estadio de la Bombonera no fue la excepción, se dio un pleito en el que –como era regular- Malvido tuvo que ver de algún modo, pero no fue expulsado, no así su compañero Gandini. Malvido se le fue encima al árbitro y le dijo de todo, porque pensaba que si se iba uno del Atlante, también tendría que irse uno del Toluca y es que Sesma y Wendell se burlaron en repetidas ocasiones de Carlos, por la expulsión de Gandini. Tal parecía que estos jugadores no se podían ver ni en pintura.

La cosa no pasó a mayores y se encontraron nuevamente en la segunda vuelta, ahora en el estadio de la Ciudad de los Deportes, casa del Atlante.

El encuentro jugado el 16 de octubre de 1958 volvió a presentarse calientito.

Carlos Malvido había anotado el primer gol del partido y lo primero que hizo fue burlarse del tico Wendell. Poco después, el mismo Malvido recibió dura entrada de éste, por lo que el árbitro señaló un tiro libre.

Al acomodar el balón, Wendell Jiménez se lo pateaba; Malvido lo volvía a acomodar y Jiménez nuevamente lo movía. El atlantista colocó nuevamente el esférico y cuando el toluqueño se acercaba para hacer lo de las veces anteriores, Malvido le dio un codazo que el árbitro no vio. Wendell cayó al pasto y el portero toluqueño, Manuel Camacho, molesto porque vio la agresión, corrió y con una patada voladora descontó a Malvido.

El nazareno expulsó a Camacho, más no así al atlantista y ahí comenzó la debacle. El Atlante terminó ganando 5-2 en un partido accidentado, lleno de golpes y reclamos y con una gran actuación de Malvido.

Si esto de alguna forma pinta al delantero azulgrana, es justo decir que fuera de las canchas era un pan de Dios. ¡Así es! Malvido tenía otra profesión además del futbol. Era médico veterinario ¡Y de los buenos! Tenía, entre otros pacientes a varios de los animales del zoológico.

Como dato curioso, su enemistad dentro de las canchas con Wendell, se quedaba ahí, ya que Carlos atendía con cariño al perrito del Tico, quien no dudaba en llevarlo a revisar con el atlantista, al que simplemente, fuera del futbol llamaba Dr. Malvido.

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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