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El último gol del 'Ché' Fernández

Sábado 22 de Diciembre del 2012

  • El Ché Fernández. (Foto: Carlos Calderón)
  • El equipo de León de 1944. (Foto: Carlos Calderón)
  • Lesión del Ché. (Foto: Carlos Calderón)
 

En la temporada 1944-1945 la Liga Mayor –hoy Primera División, amplió la cantidad de equipos que militaban en el máximo circuito, aceptando dos nuevas plazas: Puebla y León, con lo que ya se tenían 13 equipos.

El Club León, entusuasta desde su incursión en la división de honor, se hizo de la contratación de grandes elementos, como Miguel Rugilo, Rodolfo Moncada, “Pirracas” Castellanos, Abel Ramírez, Alfonso Montemayor, Antonio Batagglia y dos alegres compadres que llegaron juntos, procedentes de la Argentina: Marcos Aurelio y Ángel “Ché” Fernández.

Fernández, delantero de enorme fuerza y arrojo, no se ablandaba ante los rivales y jugaba hasta cierto punto arriesgando de más el físico. Al “Ché”, le correspondió anotar para el equipo de la fiera el primer gol oficial, cosa que siempre presumía, ya que decía que era su “amuleto de la buena suerte”.

Con los entonces llamados “Curtidores” Ángel conquistó 2 Ligas, 1 Copa y 1 Campeón de Campeones.

Al finalizar la Temporada 1947-1948, “El Ché” anunció su retiro, deseaba dedicarse a la familia que vivía feliz en León y poner algunos negocios en la ciudad cuerera.

No obstante de su reciente retiro, Ángel seguía entrenando y asistía, rigurosamente, a todos los partidos del equipo.  

La primer vuelta de la Temporada 1948-1949 le costó al equipo León, porque carecía de un verdadero extremo  izquierdo y se habilitaba en esa posición a diversos jugadores, por lo que –con ese gusanito del futbol que tienen todos los exjugadores- Ángel se acercó a don José María Casullo, DT del conjunto y le ofreció regresar mientras encontraba a alguien más que cubriera esa posición.

Casullo ni siquiera lo dudó, le habló al utilero y le proporcionaron de inmediato lo necesario para que se vistiera nuevamente con la playera de la fiera.

Ángel “El Ché” Fernández reapareció el 10 de abril de 1949 ante el equipo Oro y parecía que jamás había dejado de jugar. Haciendo sus clásicas jugadas temerarias, en donde le tiraban el balón adelantado y él casi se lo arrebataba de las manos al portero para anotar, logró el primero de los dos tantos con los que el León ganó de visitante al equipo aureo.

Convertido nuevamente en el motor del equipo, Fernández tuvo su segunda participación el 17 de abril de 1949, enfrentando en la Martinica, estadio del León, al equipo del Tampico.

Apenas transcurrían tres minutos del primer tiempo, cuando Costa mandó a Fernández el pase filtrado que tanto gustaba a “El Ché” y éste, aún viendo que toda la ventaja era para El  “Tarzán Landeros", portero tampiqueño, adelantó la pierna para puntear el balón ante la salida arriesgada del arquero. El esférico entró lentamente, besando las redes enemigas, pero al mismo tiempo el sonido inequívoco del hueso roto se dejó escuchar en el estadio.  

Mientras en las tribunas celebraban el gol, Casullo corrió a ver a su jugador, sabía que algo tremendo había sucedido. ¡Y así fue! Desgraciadamente fractura expuesta de tibia y peroné. La pierna materialmente colgaba, mientras el hueso asomaba entre los tirones de carne.

Angelito abandonó el estadio entre ovaciones. La cara del jugador lo decía todo. ¡Lloraba! Pero no tanto del dolor de la fractura, sino porque sabía que jamás podría pisar de nuevo un estadio de futbol y correr en él y patear un balón.

Sus compañeros trataban de consolarlo, de decirle que regresaría. Él sabía que no sería así. En aquellos tiempos tratar una fractura de ese tipo era casi un reto y debía agradecer si podía volver a caminar sin una cojera ostesible.

Ese, había sido su último gol. La vida así lo quiso. El equipo ganó ese partido y el campeonato, mismo que le fue dedicado al “Ché” Fernández.

Cuando Ángel reapareció, no en el campo, sino en las gradas y con muletas, recibió una ovación de pie que duró varios minutos. Sus ojos se nublaron de la emoción. Él le había dado todo al León y el conjunto de la fiera y su afición le habían dado todo a él. Las canchas de Uruguay, Argentina y México tuvieron la suerte de verlo desplegar su fútbol elegante y arriesgado, ese que a él le gustaba. La Martinica, fue su última morada.
Estaba en paz con el futbol.

Twitter: @CarlosCalderonC



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