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Huelga en el futbol mexicano (1936)

Sábado 9 de Febrero del 2013

  • Antes, los futbolistas no tenían sueldo ni prestaciones. (Foto: Carlos Calderón)
  • Los futbolistas querían que se les reconociera como trabajadores. (Foto: Carlos Calderón)
 

El futbol en México se profesionalizó hacia 1943. Antes, se vivió la época romántica en la que los jugadores saltaban al terreno de juego por el deseo de hacerlo lo mejor posible, por el amor a la camiseta, de la cual sudaban gotas de angustia y desesperación cuando perdían y transpiraban felicidad cuando obtenían el triunfo.

En 1936, cuando ya en el ambiente se vivían los años previos a la profesionalización, muchos jugadores cobraban “por debajo del agua” o desempeñaban algún cargo en las industrias de los dueños de los equipos y por el cual obtenían algún dividendo.

Tal es el caso de aquellos que jugaban para El España o El Asturias, que podían participar como empleados de nombre en alguna de los múltiples negocios como las llanteras o cerveceras y cobrar por nómina aunque dedicaran todo su tiempo a patear un balón.

La Compañía de Luz y Fuerza era dueña del Necaxa, por lo que sus jugadores se desempeñaban como electricistas. El Marte, dependía de Guerra y Marina y sus elementos llevaban grado militar y recibían un incentivo semanal dependiendo del resultado en el terreno de juego. Los del Atlante, tenían cargos en la policía, ya que su dueño, el general Núñez, era el jefe de esa dependencia.

El América estaba muy ligado con el gobierno. El Jefe del Departamento del Distrito Federal era fiel seguidor del club y cuando la oportunidad  se presentaba, ofrecía a los azulcremas empleos bien redituados dentro del Departamento de Estadística, el cual por supuesto sólo conocían cuando iban cada mes por su cheque, aunque había casos de jugadores que sí trabajaban, con un horario de 9 a 2 de la tarde.

En aquel año de 1936 se encontraba en el poder el General Lázaro Cárdenas, cuyo gobierno apoyaba el derecho a huelga y otros derechos de trabajadores como el contrato colectivo y el descanso obligatorio.

Pues bien, un grupo de jugadores del América, imbuidos por estos preceptos, deciden formular ante el club en noviembre de ese año, una serie de peticiones que de no ser aceptadas procederán a la huelga negándose a jugar el campeonato de Liga.

Las peticiones eran las siguientes:

-Un contrato colectivo que garantice los servicios de todos los jugadores por dos años.

-Aceptación de la creación del Sindicato de Jugadores del club América.

-Un pago mensual justo que garantice la economía familiar y que este pago sea por concepto de futbol y no como resultado de alianzas con el Departamento del Distrito Federal.

-Seguro médico que garantice que si un jugador se lesiona le sea pagado el tratamiento y su sueldo mientras puede volver a jugar.

Esta solicitud, sería justa de tratarse de trabajadores normales, pero como el futbol mexicano era amateur y a los directivos del futbol mexicano les convenía mantenerse así, decidieron lo siguiente apoyados por la Federación de Futbol a través de la Liga Mayor, máximo organismo rector del Futbol del Distrito Federal:

"Los directivos resolvimos rechazar la solicitud por considerarla enteramente improcedente. El Club no podría echarse encima un compromiso como sería el hecho de firmar contratos con sus jugadores”.

“Nosotros, los miembros de la Directiva, estamos en nuestros puestos por exclusivo amor y cariño al club y por afición al deporte, y no podemos echarnos encima el peso de compromisos económicos que están desligados totalmente del aspecto deportivo".

“La Liga Mayor, que respalda al club América, decidió apoyar en todo y por todo a la Directiva del Club América en la determinación tomada con respecto al conflicto que le crearán los jugadores de su primer equipo...[quienes no podrán actuar en]  otro equipo de la misma categoría aún cuando presenten su carta de retiro.

“La medida adoptada por el América es definitiva; pero el caso es realmente lamentable. Y lo es porque los jugadores del primer equipo del club de la muchachada, han quebrantado aquella vieja tradición del amor y el cariño a la camiseta... y se han puesto en un plan francamente mercantilista.”

Los directivos, que consideraban a los jugadores como mercantilistas, son los mismos que cobraban las entradas cada semana de juego, cobraban por la publicidad estática y por transmitir los partidos por la radio, cobraban por las almohadillas que rentaban en los estadios para que la gente de sombra estuviera más cómoda, cobraban por los refrescos, cervezas y tortas que se vendían en los mismos estadios.

Los jugadores, antes activos sin los cuales no habría espectáculo, tenían que acudir al servicio médico pagado de su peculio aún y cuando sufrieran una lesión  en la cancha. No tenían prestaciones de ningún tipo y cuando ya no servían para patear de buena manera un balón de futbol, eran avisados sin más ni más que sus servicios ya no eran requeridos, ni en el campo de juego, ni en la empresa que paga sus míseros sueldos.

Los futbolistas jugaban por amor a la camiseta, pero también necesitaban comer, aunque no pudieran enfermarse de vez en cuando...

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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