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Jesús, el 'Cabrito-Tuzo' Arellano

Sábado 30 de Marzo del 2013

El tercero de izquierda a derecha es Arellano en sus tiempos con Pachuca. (Foto: C. Calderón)
El tercero de izquierda a derecha es Arellano en sus tiempos con Pachuca. (Foto: C. Calderón)

La historia dice que Jesús “El Cabrito” Arellano debutó en el futbol de paga en el conjunto del Monterrey. La ficha de la FMF indica que el 5 de febrero de 1994 en el partido que empataron Monterrey y Puebla, José de Jesús Arellano Alcocer hizo su debut en el futbol profesional.

Esto, sin embargo, no es así. Jesús, quien era –y lo sigue siendo- gran aficionado al baile de salón, sobre todo a la cumbia y la salsa, inició a jugar desde muy niño, y cuenta la leyenda que estando en el equipo Vaqueros de Guadalupe, fue tentado para jugar por el Monterrey, pero que la mala relación entre el dueño del equipo José “El Charro” Barragán y el entrenador del equipo Pepe Sánchez, ex jugador de Rayados y de Tigres, con el Presidente del equipo regio, Jorge Lankenau, impidió que Arellano firmara con este conjunto cuando contaba con 16 años.

Si bien parte de esto es cierto, Arellano debutó en la Segunda División –hoy llamada Liga de Ascenso- y no fue con un equipo de Nuevo León, sino con el Pachuca.

A Jesús lo vieron varios equipos, además del mismo Monterrey, uno de ellos fueron los Pumas, que lo querían en su escuadra, pero Barragán pedía 250 mil dólares por dejarlo firmar con los universitarios y la negociación se vino abajo.
Se trataba de un joven que no había jugado profesionalmente en ningún lado.

Monterrey mismo ya estaba a punto de cerrar negociaciones, pero Lankenau impidió la compra de Arellano, aún cuando sabía que era un gran prospecto.

Fue el equipo Pachuca, de la Temporada 1991-1992, quien pudo firmar al joven jugador que comenzaba a llamar la atención.  

El Pachuca, dirigido por Benjamín “El Cuate” Fal, acababa de perder la Final del torneo 1990-1991 a manos del Atlante, que así regresaba a la Primera División. El conjunto hidalguense buscó entonces reforzarse. Fal, quien ya había sido campeón con el equipo tuzo como jugador, se puso a buscar a los jugadores idóneos para cada puesto, de acuerdo al presupuesto con el que contaba y que no era mucho por cierto.

Al equipo llegaron jugadores como Jesús Ortega, Alejandro Bravo, Lalo Saldaña, Fidel González, Arturo Villuendas y Ricardo Barragán, entre otros.

Junto con ellos, firmaron a préstamo, al jovencito Jesús Arellano por $40 mil pesos, para buscar un lugar en la delantera pachuqueña.

El equipo fue un verdadero trabuco y dominó en todos los sectores: ganó el mayor número de partidos, mejor ofensiva, campeón de goleo, líder absoluto de la competencia.

Cada jornada que transcurría, representaba un desafío y los elementos más jóvenes, buscaban una oportunidad, pero ante la buena racha del equipo, esta difícilmente se presentaba.

Fue el 12 de enero de 1992 durante el partido Pachuca en contra del Celaya cuando por fin llegaría. Apenas comenzaba el segundo tiempo y Sergio Violante, auxiliar de Fal, ordenó a Arellano que calentara. El muchacho lo hizo entusiasta, como en tantas otras ocasiones, sin embargo, por una o por otra razón no se había dado la oportunidad del debut. Y parecía que en este encuentro tampoco se podría.

El reloj del estadio Revolución marcaba el minuto 80, cuando Fal por fin llamó a “Chuy”, le dio un par de indicaciones y le ordenó entrar a la cancha en lugar de Adrián Rodríguez.

Jesús Arellano no escatimó en esfuerzos, esos 10 minutos los trató de aprovechar al máximo, corrió, tocó algunos balones, dio un par de pases, pero no pasó más.

Arellano regresó a la banca y aunque en algunos encuentros volvió a calentar en la imaginaria y se entusiasmó pensando que jugaría nuevamente, esto no sucedió. El equipo estaba embalado y los titulares en su mejor momento. El Pachuca llegó a la final, misma que le ganó al Zacatepec.

Jesús “El Cabrito” Arellano, aparece en la nómina del equipo campeón, aquel que regresó por méritos propios a la Primera División para el torneo 1992-1993.

El debut profesional de Arellano, queda entonces marcado el 12 de enero de 1992, con el equipo de ascenso y no dos años después, tal y como aparece en su ficha.

Dicen que el “hubiera” no existe, pero ¿qué habría pasado si Arellano decide quedarse en Pachuca? No lo sabemos. Su futuro estaba escrito por el destino, debía de  ser ídolo en su tierra natal, en Monterrey, aún por encima de directivos que trataron de taparle el camino y que terminaron aceptando la calidad del habilidoso jugador.

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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