A cargar la cruz

La Máquina de Cruz Azul enfrenta cada torneo un escenario más empedrado y espinoso. La búsqueda de un título ya no es un anhelo, una ilusión, o una petición de su fiel afición, es una obligación.

La Máquina de Cruz Azul enfrenta cada torneo un escenario más empedrado y espinoso. La búsqueda de un título ya no es un anhelo, una ilusión, o una petición de su fiel afición, es una obligación que con el paso de los torneos se vuelve un lastre tanto para los que cargan las banderas en el estadio, como para los jugadores y directivos. Hoy ningún joven menor de 15 años sabe lo que es ver al cuadro cementero coronarse, más que por vídeos o anécdotas de la familia. Cuando se fue Enrique Meza, los partidarios del conjunto de La Noria esperaron ansiosos la llegada del nuevo comandante y conductor de un tren, que si bien en cada viaje que realiza parece estar aceitado, tener los asientos limpios, al personal idóneo y correr muy veloz, en su última parada antes de su destino final, siempre se ha descarrilado. El elegido fue Memo Vázquez y a decir verdad no vi una explosión de júbilo entre los cruzazulinos. Más bien sentí un ambiente rodeado por la incertidumbre, con todo y que Memo ya sabe lo que es ganar como entrenador un título. Quizá las dudas que genera su llegada se basan en su inexperiencia para manejar un grupo con más presión, que no se fundamenta en el trabajo con sus jóvenes y por su perfil relativamente bajo. En fin, lo que me consta es que el tipo trabaja y habrá que darle el beneficio de la duda. Llegó entonces el día del Draft. El fuerte mazazo de la salida del último goleador azul -Tito Villa- caló hondo en la hinchada y era obvio que esperarían que la bomba del régimen de transferencias apareciera comprada por Billy Álvarez. Pero no, lejos de ser así, Cruz Azul se fue del Draft con las manitas vacías y aun con más pesar de parte de su público. Así pues las nuevas ilusiones recaerán en dos hombres foráneos. Era impensable que se quedaran como estaban y abrieron la cartera para darle cabida a un central y un atacante. Mariano "Tanque" Pavone es un ídolo en el Lanús de Argentina, su olfato goleador lo ha llevado incluso a vestir la albiceleste, y la gente del cuadro granate hizo todo por retenerlo en el club, pero el peso de los billetes verdes lo ganó el equipo mexicano. Pavone es un tipo de área y según lo que me han comentado los colegas argentinos es un hombre con  un carácter parecido al de Villa, siempre atento con los aficionados, con los medios, sonriente, bromista y entrón cuando hay que agarrar al toro por los cuernos. Sin embargo, no es un jugador que se adapte tan rápido a condiciones y planteles que no conoce. En su primer torneo con Lanús únicamente marcó tres goles y fue hasta su segunda temporada donde como dicen ellos, la rompió. Aquí la duda será saber si se le puede aguantar un semestre para que se adapte, contemplando la urgencia de resultados. Por otro lado, Amaranto Parea, colombiano fue un zaguero altamente confiable que brilló en el Atlético de Madrid desde antes de la época de Javier Aguirre con los colchoneros. Sin embargo, no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después y hoy se le describe como un jugador que aunque con cartel, ha perdido condiciones sobretodo en el tema de la velocidad. La oportunidad de Araujo y Pereira para demostrar que pueden ser una dupla con credibilidad de centrales podría llevar a Parea a jugar la lateral que tampoco desconoce. Esas son las dos apuestas con las que Cruz Azul le entra a la ruleta rusa de la Liga MX y aunque pudiese dar alguna otra sorpresa, serán estos dos extranjeros a los que les toque cargar la cruz. Puedo apostar que desde su primera conferencia las preguntas irán por el tema de la carencia de campeonatos y con eso, sin deberla ni temerla, se comprarán la historia de los últimos y fatídicos 15 años para hacerla propia y romperla o llenar más el buche de piedritas.

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