Árbitros justos

En estos tiempos en los que por lo menos en nuestro país está de moda eso de hablar de fraudes, amañes y cuchicheos, a la FIFA se le ocurre la idea de decirle sí a la tecnología.

En estos tiempos en los que por lo menos en nuestro país está de moda eso de hablar de fraudes, amañes y cuchicheos, a la FIFA se le ocurre la idea de decirle sí a la tecnología. El asunto es por fin aprobar el censor colocado en ambos postes, que mediante un campo magnético y un chip en el balón puede descifrar si el esférico superó o no la línea de gol. Idea maravillosa pero sin dejar de lado el sospechosismo. Ahora resulta que ese sensor únicamente emitirá la señal de lo que registre a un pequeño reloj que llevará el árbitro central y absolutamente nadie más tendrá acceso al resultado del experimento tecnológico. Yo no quiero ser mal pensado, pero si el colegiado al final decide pasarse por el arco del triunfo el aparatito, pues ni quien se entere.   Sin duda creo que sería mucho más convincente que los datos que arroje el sensor también puedan ser mandados a la televisión, o por lo menos que algún miembro de la banca en cada equipo, tenga también esa señal. Con todo y todo no puedo más que aplaudir la medida y aceptar que esa apertura a la tecnología puede reducir muchísimo el riesgo de injusticias en la cancha. La principal defensa de la FIFA ante estas opciones siempre ha sido la enorme posibilidad de quitarle al juego esa pasión que sólo dan las decisiones humanas, polémicas y discutibles. Pero en realidad hay factores que difícilmente van a modificarse y que siempre seguirán funcionando con base en el criterio de los de negro, como las faltas o la aplicación de tarjetas, la ley de la ventaja, entre otras. Eso sí trasciende y constituye el sentido mismo del juego, pero señalar un fuera de lugar o dar por bueno un gol simplemente apela a un principio de justicia que no va a retrasar el partido y que creo, tendrá una gran valía en este deporte. Cierto, los que jugamos en el llano jamás volveremos a sentirnos como profesionales, pero quizá en nosotros recaiga seguirle dando ese toque clásico al juego y así enseñarle a las próximas generaciones que crecerán de la mano de este nuevo implemento -más los que se acumulen- cómo se jugaba el futbol sin ayudas tecnológicas y cómo surgieron los famosos gritos de "áaaarbitro vendidoooo".

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