El oso ruso juega fútbol

Rusia, una potencia mundial, ha aprovechado su poder político y económico para ganar varias candidaturas de toda índole, entre ellas, la Copa Mundial del 2018.

Por razones profesionales realizo esta columna desde Moscú, la capital de la Federación de Rusia, y claro que el rendimiento político-mercadológico del gobierno de Vladimir Putin ha incluido una gran inversión en la generación y obtención de sedes en temas que van desde reuniones, foros, asambleas y, por si fuera poco, la edición de la Copa Mundial de Fútbol Rusia 2018, sede que pone al Oso Ruso como el gran epicentro del deporte profesional una vez que concluyan los Juegos Olímpicos de Rio 2016, por lo que la pregunta sería ¿Qué gana Rusia con estos eventos?

La respuesta es clara y concreta: tiene una nación con prestigio internacional, un gobierno con credibilidad, turismo, presencia en organismos internacionales y fortaleza diplomática que le permita ser la contraparte de potencias como Estados Unidos y China.

Referente a la bipolaridad mundial, ajena y cercana a la Guerra Fría, es lo acontecido con la investigación que realizó el FBI (Buró Federal de Investigaciones) en contra de los directivos de la FIFA, la detención de varios de ellos y la consecuente dimisión de Joseph Blatter, quien tuvo que anunciar su dimisión anticipada después de ganar el proceso electivo, lo que generó un respaldo inmediato del gobierno ruso, que vio en esa operación la posibilidad de desmantelar la elección de Rusia como sede del mundial, misma que obtuvo en sesión de la FIFA en Zúrich el 2 de diciembre de 2010, ganándole a candidaturas de Estados Unidos, Qatar, España-Portugal, Japón, Corea del Sur, Australia, Bélgica e Inglaterra.

La medición de fuerzas se da en todos los ámbitos, se pasó de una Guerra Fría a una ideológica, cultural, económica y deportiva; la Plaza Roja, el Kremlin y la Basílica de San Basilio se vestirán de fútbol para el 2018.

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