¿En que siglo vivimos?

Hace poco tuvo la oportunidad de entrevistar al jugador italiano Christian Manfredini, quien fue fichado por el Osasuna de Pamplona de Javier Aguirre a fin de reforzar el plantel que busca la...

Hace poco tuvo la oportunidad de entrevistar al jugador italiano Christian Manfredini, quien fue fichado por el Osasuna de Pamplona de Javier Aguirre a fin de reforzar el plantel que busca la permanencia en la liga de las estrellas.

En verdad me llamó la atención que Manfredini se decantara por un equipo como el Osasuna, tomando en cuenta que recibió ofertas por parte de la gente del Parma.

Vale la pena recordar que éste jugador fue parte fundamental del éxito que tuvo el Chievo Verona la temporada pasada, que le llevó a ocupar los primeros puestos de la serie “A” italiana. Sus actuaciones atrajeron la atención de la Lazio, conjunto de la capital italiana que lo incorporó a sus filas en el verano pasado.

Al preguntarle el porqué las cosas no funcionaron en la escuadra lacial, recibí como respuesta un prolongado silencio, como si la pregunta le hubiera incomodado.

-Bueno son las cosas que tiene el futbol, eso ha quedado atrás, ahora comienzo una nueva etapa con el Osasuna....

Vaya si le incomodo la pregunta.

Días después me enteré de la verdadera razón por la cual no logró consolidarse en el equipo de la Lazio: su color de piel.

Nacido en Costa de Marfil, pero adoptado por una familia italiana, Manfredini casi no jugó con la Lazio, debido a que el técnico Roberto Mancini no quiso “echarse encima” a los aficionados de la Curva Norte, es decir los más radicales, quiénes incluso tienen todas las características de un grupo neo nazi.

Dicho grupo incluso esta en la mira de la UEFA después de que en la pasada edición del clásico romano chillaron como monos cada vez que un jugador de color de la Roma tomó el balón.

¿Usted lo puede creer? Yo sigo sin entenderlo, y lamentó que se permitan dichas manifestaciones de racismo en un mundo en el que supuestamente la democracia promueve valores como la tolerancia.

Le hago una última pregunta: ¿En que siglo vivimos?

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