Pobre despedida para Cuauhtémoc Blanco

Con el Estadio Azteca rendido a sus pies, Cuauhtémoc Blanco se despidió definitivamente de las canchas.

Con el Estadio Azteca rendido a sus pies, Cuauhtémoc Blanco se despidió definitivamente de las canchas. Su afición extasiada por verlo jugar sus últimos 35 minutos le entregó el corazón, en lo que fue el mejor regalo.

El resto fue una fiesta de bajo presupuesto orquestada por una directiva que decidió no despedir en grande a uno de los máximos ídolos americanistas.

Con un estadio en remodelación, una playera conmemorativa y un reconocimiento entregados por Ricardo Peláez y José Romano, directivos del América, se fue el Temo.

Lo mejor sin duda fue el cariño de la afición, la entrega y reconocimiento que cada uno de los asistentes le dio, y después el recibido vía redes sociales; americanistas o no, la afición del futbol le demostró respeto y admiración por sus años de carrera.

Carrera que quizá debió tomar un curso distinto en el que hoy se encuentra, pues aquel futbolista que se ganó el corazón puede quedar desdibujado por un presente politizado.

Se fue el 10 del América, uno de los más grandes de nuestra época, por una puerta que no fue la principal.

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