La nostalgia por el futbol convertida en conocimiento

El mayor desafío existencial de todo ex jugador de futbol –tanto amateur como profesional–, está en la distancia que separa el campo de juego del resto del mundo.

El mayor desafío existencial de todo ex jugador de futbol –tanto amateur como profesional–, está en la distancia que separa el campo de juego del resto del mundo. Cuando llega el retiro de las canchas y esa distancia se vuelve permanente, la nostalgia inunda nuestras vidas de tal forma, que sólo existe un camino para curarla: convertirla en conocimiento. Es por ello que muchos, si no es que todos los ex jugadores profesionales terminamos de analistas, comentaristas o escribanos del juego. Es, al final, una forma de reducir esa distancia que nos separa del campo. Una manera de aprender a vivir sin el futbol jugado en primera persona.

A mí, por ejemplo, me inunda la nostalgia por todos esos campos de juego de la infancia donde aprendí a festejar con cientos de abrazos un gol imposible o una asociación solidaria; donde todos los días sentía escalofríos al patear un balón al arco; donde logré, solo por algunos instantes, sentirme dueño de mis sentidos, emociones y llantos; donde descubrí el amor por los sueños y sus idearios; donde pude reconocer los olores de la vida, los que nutren las células y en ocasiones nos asfixian con sus cantos; donde aprendí a dotar a mis pies de un sexto sentido para comprender el abecedario y hacerle el amor al balón con versos y oraciones destilados; donde puede reconocer por vez primera un prodigio, la sensación de elevarme a los cielos y sentirse electrificado. Donde comprendí, para no olvidarlo, que el futbol y la vida son uno y el mismo camino.

Esa nostalgia que cala hondo en el corazón sólo se puede mitigar jugando, estudiando y leyendo sobre el juego. Es decir, convirtiendo esa nostalgia en conocimiento. A mi juicio, es la única forma para salir a flote y resolver con cierta dignidad ese desafío existencial que une a todos los ex jugadores de futbol. Estoy convencido, además, que no todos los analistas y comentaristas de futbol lo han logrado.

Esa nostalgia convertida en conocimiento da para afirmar, por ejemplo, que Klinsmann llevará a la selección de los Estados Unidos a su mejor forma emocional y futbolera. Sus gestos templados y tranquilos en el banquillo, los ademanes paternales hacia sus jugadores y, lo más importante, la respuesta táctica que condujo a liberar a Donovan y correr veinte metros hacia adelante a su equipo en el segundo tiempo contra nuestra selección en el partido del miércoles pasado, fructificará en un futbol explosivo y competitivo. Renovará de conceptos y de espíritu a la selección de las barras y las estrellas. 

También da para saber que el mayor mérito del Chepo de la Torre como técnico de la selección nacional reside en su capacidad para que las virtudes de los jugadores en el campo de juego se sientan cómodas. Por fortuna, el Chepo no llegó a la selección a expiar viejas frustraciones ni a liberarse de complejos existenciales. No llegó a inventar ni a improvisar: colocó a los jugadores en su posición natural y hasta ahora los ha dejado desplegar su juego. El gran reto del Chepo –y de esto dependerá su trascendencia o no en la selección– es lograr que las virtudes de sus jugadores exploten. Que Giovani logre mayor profundidad y se convierta en el tiempista del equipo, en ese jugador que lee siempre de forma adecuada los partidos y actúa en consecuencia; que Barrera temple su carácter y defina con mayor claridad las jugadas que crecen y toman relieve por su banda; que Guardado deje atrás la intermitencia y se convierta en referente de solidez y solvencia del cuadro nacional; que Torrado y Castro desarrollen la creatividad suficiente para asociarse y puedan contagiar al resto de los jugadores de ese espíritu de triunfo indispensable; que el Chicharito permanezca el área y capitalice con sus goles el esfuerzo colectivo que nace desde el saque de meta. Que los jugadores empiecen a convertir su incipiente nostalgia en cuotas de conocimiento en la cancha. 

Hace unos días, Jesús Silva-Herzog Márquez compartía en su blog las reveladoras conclusiones a las que Philip Tetlock llegó tras someter a prueba durante varios lustros a los opinadores que descifran el mundo de la política y se ofrecen como profetas para el teleauditorio. Tras preguntar a cerca de 300 expertos de distintos campos de estudio sobre predicciones futuras y cotejar sus respuestas a posteriori, el profesor Tetlock emite la siguiente conclusión: “son unos farsantes: no saben de lo que hablan y no son confiables como anticipo de lo que vendrá”.

¿No nos estará pasando lo mismo en este mundo de los opinadores del futbol? Por si acaso, cuando veas, escuches o leas a un opinador de futbol, asegúrate que en lo que dice la nostalgia, en efecto, se haya convertido en conocimiento. De lo contrario, como argumenta el profesor Tetlock, se tratará de un farsante más.

Diego Gaspar Escritor y ex futbolista profesional @diegogasparv

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