Las balas de Torreón

Se sabe que el futbol ofrece remedios imaginarios. En países como el nuestro, rotos por una violencia que no se detiene y por un discurso oficial que atiza el fuego sin reparar en un diagnóstico.

Se sabe que el futbol ofrece remedios imaginarios. En países como el nuestro, rotos por una violencia que no se detiene y por un discurso oficial que atiza el fuego sin reparar en un mejor diagnóstico, también representa una importante válvula de escape para millones de existencias.

Lo primero que hay que decir con respecto a la balas de Torreón es que en esa ciudad, por desgracia, han ocurrido sucesos mucho más dramáticos. Los grupos criminales han matado, secuestrado, vejado y extorsionado a muchos mexicanos inocentes. El episodio de hace una semana en el magnífico estadio del equipo Santos se suma a una serie de eventos terribles que ha padecido La Comarca Lagunera, con la gran y afortunada diferencia de que en este último no hubo víctimas que lamentar.

A la estulticia del Gobierno Municipal de colocar un retén en las inmediaciones del estadio se sumó un pánico colectivo que tiene su origen y justificación en la alarmante situación que vive México. Estoy seguro que en otro contexto y bajo otras circunstancias, un evento de esta naturaleza hubiera tenido mucho menor impacto. Algo está podrido en nuestro país y la gente no sólo lo sabe, lo respira.

Las balas de Torreón, a pesar que no fueron dirigidas premeditadamente al estadio, deben alertar a toda la comunidad del futbol. No hay que esperar a que las autoridades municipales, estatales y federal hagan su trabajo. Es indispensable que la comunidad futbolera actué de de inmediato y de forma coordinada.

A las adecuaciones y actualizaciones en infraestructura y programas de protección civil, debe seguir una reflexión de cariz social. Y es que me parece conveniente que los equipos de futbol y las instituciones de nuestro futbol se empiecen a convertir en agentes de cohesión social. Es decir, en actores sociales que refuercen la identidad de los mexicanos y que, por medio de iniciativas de orden cultural, social y deportivo, restituyan parte de ese tejido social en descomposición.

Imaginemos por un momento a los equipos de futbol promoviendo eventos culturales como, por ejemplo, cursos de verano para los hijos de los aficionados,  lanzando iniciativas para arreglar y mejorar el parque de la comunidad vecina, gestionando recursos con las autoridades municipales y aportando de los propios para cooperar y brindar soluciones a los problemas cotidianos de la comunidad.

Hace tiempo Antonio Gramsci definió al futbol como el reino de la lealtad humana ejercido al aire libre. A la comunidad futbolera nos toca hacer de este reino uno seguro y estable. Un reino en donde esos remedios que nos regala el futbol nunca se vuelvan pesadillas. 

Diego Gaspar Escritor y ex futbolista profesional @diegogasparv

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