¿Campeones del Mundo en 2018?

Sólo si ocurriera un milagro y el futbol mexicano se transformara, sobre todo desde la perspectiva moral, en poco más de un lustro.

Sólo si ocurriera un milagro y el futbol mexicano se transformara, sobre todo desde la perspectiva moral, en poco más de un lustro. Es cierto que nuestro futbol ha crecido de forma significativa. De unos años a la fecha, el futbol mexicano ha evolucionado y ha ganado respeto internacional, pero de ahí a pensar en un Campeonato Mundial en tan sólo siete años: muy difícil. Hacen falta muchas evoluciones. El sueño luce complicado. Identifico tres grandes hitos cualitativos de crecimiento que han tenido lugar en nuestro futbol en los últimos veinte años. El primero, con la llegada de César Luis Menotti en los años noventa. Menotti fue el precursor de un cambio de mentalidad en el jugador mexicano. La semilla que sembró el autor de un memorable libro titulado Fútbol sin Trampas ha germinado en el fuero de nuestros jugadores. Hoy, los nuestros son jugadores con menos complejos, con mayores armas socioculturales para competir. Un segundo hito lo marca la salida si no masiva, sí al menos continua y recurrente de nuestros jugadores al extranjero a partir del Mundial de 2002. Hoy contamos con una larga lista de jugadores que han emigrado al futbol de otras latitudes. Y si bien es cierto que su desarrollo y resultados no han sido espectaculares, sí colocan a nuestro país en una posición distinta con respecto al desarrollo del talento futbolístico. Hoy, los grandes clubes del mundo envían a sus visores a seguirles la huella a los nuestros. El tercer hito que identifico aún está en marcha. Se trata de la consolidación del desarrollo de las canteras. Cada vez son más los clubes mexicanos que reconocen la importancia de crear talento nacional. El ejemplo por antonomasia son las Chivas, máximo exportador de jugadores mexicanos al extranjero e institución modelo para crear valor agregado en el desarrollo de los jugadores. No hay duda que el futbol mexicano ha crecido. Sin embargo, nunca podrá trascender y menos aún lograr un título mundial, si los intereses de federativos y presidentes de los clubes no se supeditan a un criterio de mejora deportiva continua. Al menos hoy, en septiembre de 2011, el caso Edson Rivera demuestra con toda contundencia que los federativos y dueños de clubes no están dispuestos a ceder un ápice para lograr el gran propósito de convertir a México en candidato al título mundial. Nos queda poco tiempo, los días siguen su marcha. Diego Gaspar Escritor y ex futbolista profesional @diegogasparv

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