Escribir para llorar

Dejó de jugar por nostalgia. Entonces el juego se había convertido en todo menos en lo que él había soñado que sería.

Dejó de jugar por nostalgia. Entonces el juego se había convertido en todo menos en lo que él había soñado que sería. Dejó de ser tan vital como el oxígeno, como la propia existencia. Muchas cosas pasaron para que sintiera esa sensación de vacío, de desencanto por el juego. No sabe si fue un abandono, o un respiro. Prefiere pensar que fue un respiro que duró demasiado tiempo, el suficiente para no volver a intentarlo. Escribe y llora. Escribe para reparar su alma. Llora para otorgarse el perdón más profundo de su vida. Llora. Escribe y llora. Para pedirse perdón por haber abandonado el juego, por haber dejado pasar la oportunidad de volar, de rozar el cielo. Llora. Escribe, ahora escribe para volver a encontrar la esencia de su vida. Escribe para aprender a vivir fuera del campo de juego. Llora por lo que pudo haber sido. Llora porque al final fue él quien decidió abandonar el juego, abandonar la ilusión. Llora porque, de alguna forma, abandonó parte de su existencia al olvidar su prodigioso sueño. Llora. Escribe y llora. Quiso convertir su odio en entendimiento, pero no lo logró. No pudo superarlo. Nunca entendió el tono pusilánime de su carácter para abandonar un sueño que le encendió las venas y lo ensoñaba por dentro. El respiro que tomó duró demasiado tiempo. Fue un abandono disfrazado que hoy tiene que desenvolver para verse perdonado. Porque a diferencia de lo pensado por maestros del juego, él no tuvo otras posibilidades de vida. Porque era la del futbol la que sus ojos, sus labios, sus pulmones y su corazón querían. Tuvo que perdonarse por el daño y liberarse de una vez por todas de su destino truncado para volverse a enamorar y convertir tantas lágrimas secretas en posibilidades de nuevas vidas, en ideales ardientes de oxígeno alterado. Diego Gaspar Escritor y ex futbolista profesional @diegogasparv

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