Gesticuladores

Manuel Seyde, quizá el primer Periodista Deportivo de nuestro país, escribió hace muchos años las siguientes líneas que rescato por su perenne vigencia.

Manuel Seyde, quizá el primer Periodista Deportivo de nuestro país, escribió hace muchos años las siguientes líneas que rescato por su perenne vigencia: “lo que con respeto, casi con reverencia, se llama Director Técnico, es una plaga que aflige al futbol de nuestro tiempo. Un Director Técnico es un cuentista que gana su salario gesticulando, con desplantes y frases hechas y mucha maña para tener cautivados a los directivos”.

Coincido con cada palabra y aún más con la pregunta que está detrás de esta postura: ¿En qué momento se trasladó el protagonismo de los jugadores al del Director Técnico?

Porque, hay que decirlo una y mil veces, lo verdaderos protagonistas del futbol son los jugadores, nadie más. Lo he escrito antes y lo digo de nuevo: Un equipo es mucho más importante que una gran idea. Los jugadores son quienes le dan forma a cualquier concepto táctico. Son quienes respiran el pulso del juego y lo tamizan a partir de su experiencia para encontrar soluciones asépticas o repletas  de magia, o bien caminos llenos de respuestas y, a veces, con versos que nos despiertan las células.

Me niego a consentir la idea de que el Barcelona es lo que es por Guardiola, o el Madrid por Mourinho, sólo por ilustrar con dos ejemplos globales lo que se dice hoy en día de los directores técnicos. Si antes de la era profesional la labor de los entrenadores consistía en inculcar cierto grado de emotividad al entorno y disponer los tarjetones de cambio, en la actualidad su labor no debería ir más allá de exponer (no imponer) un sistema táctico y conducir el talento de los jugadores de forma que sus virtudes se sientan cómodas en el campo. No comparto la omnipresencia que han adquirido estos gesticuladores por antonomasia.

Definamos de una vez el lugar que les corresponde.

En nuestro país, por desgracia, se han convertido, además, en los únicos catalizadores de los sueños de las nuevas promesas. El destino del talento futbolero nacional depende, en buena medida, de los caprichos y/o concesiones de una pléyade de directores técnicos que han entendido un rasgo de nuestra cultura para utilizarlo a su favor: La autocelebración de nuestros ínfimos triunfos y la autodestrucción de nuestras más comunes decepciones.

Los directores técnicos de nuestro balompié que hoy celebramos son, con honrosas excepciones, unos dictadores que gozan de una impunidad deslumbrante. Dirigen sus equipos con un liderazgo coercitivo que, también por desgracia, empata con la idiosincrasia del mexicano: humillan, gesticulan para esconder su inefable visión de las cosas, destruyen sueños, acaparan gloria, maltratan, atacan, amenazan, discriminan y, en el mayor de todos los despropósitos, insinúan ser víctimas del hierro con que han matado tantas ilusiones.

Quitémosles de una vez esa patente de corzo para dirigir y en muchos casos destruir destinos, y ubiquémoslos en el lugar que les corresponde. La salud del futbol de un país es indirectamente proporcional al protagonismo de los directores técnicos: Cuanto mayor su protagonismo, menor la salud de nuestro amado juego.

Diego Gaspar Escritor y ex futbolista profesional @diegogasparv

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