Un decálogo para el jugador

1.- Siempre recuerda que juegas para sobrevivir. El juego es, ante todo, una cuestión de sobrevivencia. El jugador no sólo juega para ser feliz, sino para vivir con dignidad.

1.- Siempre recuerda que juegas para sobrevivir. El juego es, ante todo, una cuestión de sobrevivencia. El jugador no sólo juega para ser feliz, sino para vivir con dignidad. Para reconocer que en el campo de juego nace la mejor versión de sí mismo. 

2.- Al jugar, nunca olvides tu infancia. Jugar desde la infancia te vuelve más atrevido, honesto y leal. Ten presente que el futbol es la recuperación semanal de tu infancia.

3.- Sonríe en el campo de juego. No dejes de hacerlo. Te volverá más ligero y, lo más importante, te concederá permiso para reinventarte cuando las circunstancias lo exijan.

4.- Usa la nostalgia para aprender a ser mejor jugador. El recuerdo de lo vivido es fuente inagotable de superación. Usa todos tus recuerdos pegados a un balón a tu favor.

5.- La solidaridad es el valor entendido por excelencia. Romperte el alma por un ideal compartido es la senda que hay que seguir para la conquista de un título. No existen atajos, la solidaridad es el camino.

6.- Vida y juego son una y la misma cosa. Reconocerlo te permitirá funcionar en las distintas esferas y roles de tu vida, al tiempo de prepararte para sortear el mayor desafío de tu existencia: vivir fuera de un campo de futbol.

7.- Ten presente que siempre alguien te observa. La mirada atenta e ingenua de un hijo debe ser el faro ético de tu comportamiento. Nunca deshonres esa mirada. Te pertenece, te obliga a ser corresponsable con los sueños que siembra.

8.- Vives para soñar despierto. El juego es el arte de lo imprevisto. Sólo las ensoñaciones provocan genialidad. Sueña despierto: inventa, recrea, descubre nuevas formas, sueña.

9.- Considera al juego como un prodigio posible. Hoy puedes jugar. Valora cada instante de esa realidad como un prodigio de los dioses que te es otorgado. Vive ese prodigio como el presente más valioso de tu vida.

10.- El amor por el juego es atemporal. No te queda claro cuándo empezó, pero tienes la certeza de que no tiene fecha de caducidad. El juego te ha domesticado, por siempre.

Felicidad y muchas ensoñaciones para estas fechas.

Diego Gaspar Escritor y ex futbolista profesional @diegogasparv

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