Precedentes

Han pasado cuatro jornadas de nuestro balompié y el balance de lo visto y ocurrido en los diferentes estadios de la República es lamentable: pocos goles, sistemas de juego cada vez más defensivos.

Han pasado cuatro jornadas de nuestro balompié y el balance de lo visto y ocurrido en los diferentes estadios de la República es lamentable: pocos goles, sistemas de juego cada vez más defensivos, directivos anodinos decidiendo estrategias y destinos, jugadores cada vez más laboralizados y una crisis general de infancia y espectáculo. La afición empieza a resentir la implacable terquedad de Presidentes, técnicos y jugadores por no arriesgar nada: cada día son menos las personas que acuden a los estadios, cada día son menos los aficionados que sintonizan las transmisiones televisivas, cada día son menos los suspiros que produce nuestro futbol. Al final, me parece que se trata de un asunto de precedentes. A lo largo de poco más de un siglo de vida que tiene nuestro futbol, se han sentado muy malos precedentes. De la multipropiedad de equipos a la mentalidad gansteril de ciertos directivos y federativos. De la consolidación fiscal que incentiva a reducir a cero la rentabilidad de los equipos al establecimiento de torneos cortos. De la perenne contratación de jugadores extranjeros caros y malos a la destrucción de infinidad de sueños canteranos. Del pillaje de representantes y promotores al abandono de la formación de los jugadores. Del ungimiento a falsos e impostores entrenadores a la sobrepoblación y sobrevaloración de jugadores extranjeros. De la opacidad de la Federación Mexicana de Futbol a la timorata o nula exigencia de aficionados y medios de comunicación. De la moral falsa y anticipada a las resurrecciones inhabilitadas.   Hacen falta nuevos referentes y aún mejores precedentes en nuestro futbol. En 1921, el Presidente Álvaro Obregón incluyó en los festejos del Centenario de la Consumación de la Independencia un torneo de futbol que congregó a equipos de todas las ciudades que conformaban en mapa futbolístico del país. El encargado de los preparativos del certamen pambolero fue nada menos que el novelista Martín Luis Guzmán. A pesar de que la final la disputaron el Club Asturias y el Club España, el torneo sentó un excelente precedente para el futbol nacional: equipos del interior del país tuvieron la oportunidad de participar, algunas ciudades fueron sedes de partidos importantes, muchos jugadores reconocieron el valor de sus equipos y sus aficiones y, lo más importante, el torneo envió una señal inequívoca de desarrollo y fomento al deporte que empezaba a invadir plazas y espíritus. Hacen falta precedentes adecuados: Menos empresarios y más amantes del futbol involucrados Más socios de equipos y menos aficionados Más incentivos fiscales para equipos que protejan y desarrollen sueños canteranos Más conductores emocionales y menos técnicos de arrabales Más certámenes incluyentes y torneos largos Diego Gaspar Escritor @diegogasparv

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