Conversación infinita

Hablar de futbol es terapéutico. Y no importa si se trata de un diálogo o de un monólogo.

Hablar de futbol es terapéutico. Y no importa si se trata de un diálogo o de un monólogo. De repente te descubres inmerso en una charla que no va a ningún lado, pero que por alguna extraña razón tiene sentido. Recreas la memoria del campo e idealizas las hazañas de sus protagonistas. El monólogo empieza con una emoción y el diálogo con una apreciación. La emoción de haber acertado en una jugada, en un lance o en una definición encaprichada. Puedes recrear una y mil veces la jugada hasta que te inunda la certeza de haberla en efecto conseguido. No hace falta sólo haberlo vivido en el campo, es necesario conversarlo con el espíritu. Una apreciación de lo sucedido dispara un diálogo encendido. El monopolio de la verdad entra en escena y ya no funcionan ni los matices ni los delirios. Pero eso no importa, seguimos discutiendo sobre una posible equivocación, la certeza de lo divino o bien, la insoportable levedad del balón y su destino. Todo se acumula en el camino: el gol fallado, la falta de pericia para driblar al enemigo, el fuera de lugar inventado, el error arbitral con destinatario, el virtuosismo del jugador que es un mago en el campo, el túnel perpetrado, la gambeta, los cambios que no llegan del Director Técnico atrofiado, el tiro imperfecto que besa el larguero, la contradicción del central apresurado, el balón perdido que se convierte en un sobresalto. Hablar de futbol es una forma de recrear la mente y un magnífico intermedio para seguir hablando con la gente que queremos. Es una especie de fenomenología del balón. Una infinita conversación. Diego Gaspar Escritor @diegogasparv

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