El devaluado “Superclásico”

La jornada que se jugara el próximo fin de semana tiene en su agenda un juego de características muy particulares. Es un duelo del que se hace una inusitada promoción, se hacen apuestas y que...

La jornada que se jugara el próximo fin de semana tiene en su agenda un juego de características muy particulares. Es un duelo del que se hace una inusitada promoción, se hacen apuestas y que despierta todavía mucho interés, pero que con el paso del tiempo se ha ido enfermando de la falta de pasión de un creciente numero de aficionados en el país: se trata del partido considerado como el “clásico nacional”, la que por 50 años ha sido (y peligrosamente amenaza con dejar de ser) la máxima rivalidad del fútbol mexicano. Claro esta, me refiero al América-Guadalajara. Por principio de cuentas, habrá que considerar un factor muy importante de este deterioro: El hecho de que en sí mismo él término “clásico” se ha ido depreciando a si mismo mediante el indiscriminado uso de este por parte de los comentaristas, denominando con este titulo a partidos que definitivamente no se han ganado los meritos para siquiera aproximarse a lo que es un autentico clásico. Llamar así por ejemplo a un León-Celaya solo por el mero formalismo de ser equipos de la misma región, siendo que ni siquiera lo antecede la tradición de una gran rivalidad, es sencillamente aberrante, y lo es aun más el hecho de que a un encuentro como el Atlante-Necaxa le quieran poner con calzador (al más puro estilo televiso) lo de “añejo clásico capitalino” solo por que, efectivamente, este partido llego a ostentar esta distinción en los lejanos 30’s del siglo pasado. Es claro que hoy un juego así es solo garantía de un estadio vació, sin embargo es una clara muestra de lo exagerado que resulta hoy en día el uso de la palabra “clásico”. Ahora bien, otro factor es la forma en que se ha desvirtuado el sentido original de esta rivalidad en pos de los intereses directivos. He aquí una breve síntesis histórica: El origen de este odio deportivo radica de la eterna rivalidad histórica que ha existido entre la capital y la provincia, sentimiento que, precisamente, se halla mas fuertemente arraigado entre la gente de Jalisco. Casi de manera simultanea se le unió el divisionismo producto de las distinciones sociales, las chivas asumiendo desde sus inicios su identidad popular a raíz de su choque con el Atlas, el equipo de la “alta sociedad” de la capital tapatía; en tanto que el América, surgido de la burguesía capitalina, se identifico por lo mismo plenamente con dicho sector de la sociedad (aun cuando en los 50’s, antes de que televisa los comprara, era uno de los clubes más pobres) ganándose así el mote de “los millonetas”. Otro ingrediente que le dio vida al “clásico de clásicos” fue el sentimiento nacionalista ya tan conocido que se dio de forma natural entre los seguidores del club jalisciense al ver que su ultra nacionalista equipo se media con aquel que, desde los 50’s, adquirió la fama de ser el que más echaba mano de contrataciones extranjeras, las cuales además suele anunciar con bombo y platillo, sean o no exitosas. Por si fuera poco, en los 70’s aparece el que durante 20 años fue un aliciente mas para la rivalidad: la cuestión televisiva. América, también celebre por ser el equipo de la empresa que, hasta mediados de los 90’s, llego a ocupar un sitio monopólico dentro de la televisión en México (no hace falta decir quienes) y Guadalajara, cuyas transmisiones corrían a cargo de la que antiguamente era la televisora del gobierno, Imevisión (hoy TV Azteca) y renegaban de todo aquello que tuviera que ver con el monopolio privado de la TV (claro esta, con la ayuda de José Ramón Fernández). Como es obvio suponer, con la adquisición de los derechos de transmisión del chiverio por parte de televisa en 1994, esta faceta de la rivalidad se extinguió para siempre y, al menos a mi parecer, es ahí cuando la misma comienza a debilitarse. Luego surgen los sonados casos de intercambio de jugadores entre ambos equipos y las escandalosas acusaciones a la directiva chiva (la promotora encabezada por Salvador Martínez Garza) de haberse vendido a televisa. Es en medio de este marco desastroso en el que se ha venido desarrollando el partido en los últimos años. El ejemplo más patético del decreciente interés en este encuentro lo vimos en el invierno 2000, cuando la directiva americanista tuvo que ofrecer una promoción para hacer que la afición asistiera a llenar el estadio, y aun cuando la gente hizo una gran entrada como de costumbre, el lleno no fue total. Imagínense, sufrir por un partido en que generalmente podía darse por descontado el lleno. Fue sencillamente impresionante el extremo al que se llego. Además, también resulta evidente el que quizá es el factor más revelador de todos: la paulatina muerte del “amor a la camiseta”, la cada vez más grande e imperante adoración del “poderoso dólar”, ante la cual la tradición no vale nada. Lo peor del caso es que en cada vez más frecuentes ocasiones, esta situación lleva al jugador a practicar el desgano, matando así el espectáculo. En los “clásicos”, esto se ha vuelto de lo más común, la prueba esta en la enorme cantidad de partidos de este tipo que concluyen con paupérrimos empates a cero y estruendosas despedidas con “música de viento”por parte de los asistentes. Todo lo anterior es solo una pequeña muestra de cómo se ha ido enfermando de gravedad esta cincuentenaria tradición de fútbol mexicano, y es definitivo que ante el desempeño mostrado por ambos planteles, no solo en números sino también en fútbol, durante esta campaña nos pone ante una de las confrontaciones de este tipo mas disparejas (y por lo mismo mas desangeladas) que se hayan presentado. Un imparable Guadalajara ante un desabrido América. Quizá el único factor a favor de los amarillos sea la ley de probabilidades (chivas lleva ya, contando desde el torneo anterior, 17 partidos invicto, y por tanto la posibilidad de caer en una próxima ocasión se va acrecentando) pero lo cierto es que solo en la cancha y no con números se vera quien es quien. Lo único que puedo desear para este “clásico” es que no sea tan malito como los anteriores. A fin de cuentas, para clásicos, solo los de Mozart.

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