Brasil, de nuevo Rey del futbol

El final ha llegado, ya tenemos campeón, o mejor dicho, nuevo pentacampeón. La selección de Brasil basándose en sus brillantes individualidades, llegó hasta la finalisima donde venció a la...

El final ha llegado, ya tenemos campeón, o mejor dicho, nuevo pentacampeón. La selección de Brasil basándose en sus brillantes individualidades, llegó hasta la finalisima donde venció a la mezquina selección alemana, que vino a ver la suya hasta el preciso momento en que Oliver Khan, el guardameta impasable, vino a cometer el error más garrafal de su carrera. Después de la forma tan apretada en que consiguieron su clasificación y de sus recientes fracasos en torneos internacionales, pocos se atrevían a dar algo por Brasil. Nadie quería a Luiz Felipe Scolari por su dictatorial manera de dirigir y el fracaso parecía vislumbrarse. Pero todo se empezó a conjugar: Las eliminaciones tempranas de Francia, Argentina e Italia pronto lo lanzaron al papel protagónico, aun cuando a muchos no terminaba de convencer, e inclusive les veían con malos ojos tras aquel triunfo inicial ante Turquía, regalado por el árbitro. Pero a lo largo del torneo, Brasil mostró que no necesitaba que nadie les regalara nada, su talento y su grandeza eran mas que suficientes. Prueba de ello es que se coronaron ganando todos sus partidos, sin ir a prorrogas y sin sacarles ni un punto en primera fase, ganó todos y también ganó todo. Durante gran parte de la competencia, la triple R (Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho) mantuvo a flote al conjunto sudamericano. De ellos, Ronaldo fue el mas sorprendente, pues es bien sabido que entre tantas lesiones se le daba por acabado, pero el hombre volvió por sus fueros y alcanzo su máximo nivel. Tan es así que acabó de campeón goleador con 8 goles, rompiendo la céelebre barrera de seis anotaciones que se había impuesto desde 1978. Con las pinceladas de esta tripleta diabólica, Brasil fue superando escalones: goleando a China y Costa Rica en primera fase, luego vencieron en un juego muy amarrado a los belgas, quienes estuvieron cerca; siguió Inglaterra que quiso aguantar después de adelantarse, pero la reacción amazónica los dejo fríos; y al fin superaron la última barrera rumbo a la final echando fuera al gran conjunto turco. Al respecto, vale la pena hacer un paréntesis para homenajear el gran espíritu deportivo mostrado por turcos y coreanos en el partido por el tercer puesto. En un fútbol actual en que se exige ganar como sea, sin importar lo feo que se juegue, ambos conjuntos se partieron el alma como si realmente se jugaran algo más que el orgullo. Y al final, fuimos testigos de uno de esos momentos por los cuales bien vale la pena una copa del mundo. Abrazados como un solo equipo, otomanos y orientales se brindaron ante la marea roja coreana que los vitoreó cual si hubiera ganado el conjunto de casa, y en una verdadera fiesta del espíritu humano acabó aquel encuentro, que aun cuando no se disputó en él nada importante, bien valió por los otros 63 partidos del mundial. Pero volviendo al tema, la gran final se cocinaba. Y seria el duelo de titanes, dos equipos cuyo enfrentamiento mundialista había sido rehuido por la historia, los brasileños cara a cara con Alemania, equipo triunfador por tradición, pero que a esta copa llegaba en igualdad de circunstancias que Brasil. Los germanos tampoco eran favoritos y atravesaban por una seria crisis de resultados, tras el fracaso en la Euro 2000 y la forma en que se complicaron la eliminatoria luego de ser humillados por Inglaterra en Munich. A esto se aunaba la falta de figuras de peso en el cuadro alemán y las dudas en torno a la capacidad de Rudi Voeller, el Mesías que había llegado de última hora a salvar al barco teutón, que hacia agua desde tiempo atrás. Llego la hora de la verdad, y Alemania cumplió como siempre, con su estilo frió y calculador, pero efectivo. Comenzó con una exhibición de amplia superioridad sobre el equipo árabe, al que goleo por 8-0. Ahí mucha gente comenzó a voltear a verlos, pero pronto les perdieron la pista con el decepcionante empate ante Irlanda, que los hizo ver mal y el fantasma del fracaso volvía a rondar. Pero los de blanco y negro se sobrepusieron a este traspié muy bien, aun cuando calificaron haciendo apenas lo suficiente para vencer a Camerún. Después, vino esa serie de desabridos y soporíferos triunfos en las rondas finales, todos por 1-0, ante Paraguay, EU y el anfitrión Corea, que si bien los llevaron al final del camino, les restaron méritos ante los ojos de muchos para pensar en ser campeones, con todo y que la posibilidad era muy accesible. Y esa impresión crecía después de percatarse que las victorias alemanas habían sido por obra y magia de Oliver Khan, heredero de las glorias de Sepp Maier, quien con sus prodigiosas atajadas salvo a la Germania de goles hechos que hubieran cambiado el rumbo de su destino. Adelante no había casi nada; Klose, el goleador de la primera fase, desapareció después, y acaso se podía hablar en cuanto a figuras de Michael Ballack, que para colmo, quedaba fuera de la final. Así pues la mesa lucía puesta para que los sudamericanos levantaran la copa FIFA. Y así fue. El partido no fue malo, pero se han visto mejores. El fútbol lo puso en su mayoría la escuadra de amarillo y verde, y el dramatismo lo puso Alemania con sus inquietantes intentonas al final del encuentro que para su mala fortuna no entraron. Si algo faltaba a los alemanes para fenecer en la final, era que la suerte los abandonara. Y ello ocurrió en el instante en que tras un disparo de fuera del área de Rivaldo que quedó a modo para Khan, el guardameta soltara la pelota justo enfrente de Ronaldo, quien no perdonó. Alemania estaba herida de muerte, y mas por orgullo que por otra cosa, se dejaron venir sobre la meta de Marcos una y otra vez llegadas teutonas, que en su mayoría erraron por culpa de la desesperación. Lo increíble se daba, la clásica frialdad alemana cedía ante el juego ordenado y bien conjuntado de los brasileños, que cerca del final se dieron el lujo de regalarnos algunas pinceladas de aquel famoso “jogo bonito” que han sacrificado en los últimos años en pos de la eficacia, pero que siguen llevando en la sangre estos magos de la samba. Y producto de su arte cayo el segundo tanto, también de Ronaldo, que remachó la contienda. En un mundial de sorpresas, de brutales polémicas arbítrales, y que tuvo por sede a dos países confrontados con lo que la organización se complicó mas de lo debido, que bueno que tengamos al mejor campeón posible. Quizás equipos como Senegal y Turquía merecían mejor suerte, pero la gloria brasileña reviste al final. Por lo que fue, es y será... Brasil, simplemente Brasil.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas