El triste panorama del arbitraje mexicano

El arbitraje está pasando por momentos realmente muy difíciles hoy en día, basta decir que a la carencia técnica debemos agregar los problemas que se viven en el área administrativa.

El arbitraje está pasando por momentos realmente muy difíciles hoy en día, basta decir que a la carencia técnica, que es real porque lo vivimos en varios partidos de cada jornada donde existen errores no simplemente de aplicación sino de conocimientos y de aplicación, debemos agregar los problemas que se viven en el área administrativa. Y es que el asunto de la salud de Juan Genaro Medrano ha hecho que salgan a relucir un sinnúmero de irregularidades que los propios árbitros callan por temor y que va  en demérito de ellos mismos. No es cierto que Medrano padezca de leucemia, no es la realidad de su actual enfermedad sino algo que se difundió por desconocimiento o por magnificar la situación, pero sí vive algún problema médico que, si bien menor a lo divulgado, va en detrimento de su salud y además compromete su futuro. Habrá que informarse bien cuál es su verdadero diagnóstico para poder opinar en profundidad, pero la realidad es que padece una anemia muy severa, producto en parte de las dietas a las cuales lo han hecho someterse para poder regresar a la actividad arbitral, porque se le ha acusado de tener exceso de grasa corporal (parecido al caso Jaime Herrera, quien por dignidad después de una larga persecución personal, decidió renunciar). Lo cierto es que sí se les somete a pruebas físicas de mayor exigencia que las de la propia FIFA y además son sujetos a la medición de la grasa corporal (algo que ni la FIFA exige). También se les impone cambiarse de delegación arbitral para poder seguir en funciones, lo cual es absolutamente aberrante ya que a diferencia de los equipos, no se les paga ni traslados, ni vivienda ni otros gastos, además de lo que significa en materia de escuelas, medio ambiente al cual los hijos estaban acostumbrados etc, etc. Absurdo a todas luces cuando ya hay equipos en toda la República Mexicana, desde Tijuana hasta Chiapas. Pero aparte de todo se les ha tratado de manera dictatorial y despótica por parte de la Dirección General de la Comisión de Árbitros. Todos lo comentan en el seno arbitral pero nadie lo habla por temor a las represalias que saben que vendrían en caso de así manifestarlo públicamente. Recuerdo los días en que había libertad de expresión, e inclusive, absoluta transparencia ya que en las juntas técnicas los medios de comunicación tenían acceso para grabar en audio y en video  cómo se analizaban los partidos  cada semana después de la jornada. La democracia parece no ser el común denominador hoy en día. Existen al respecto muchas versiones, pero lo que hemos visto oficialmente fue la declaración de Aarón Padilla de que la FMF y la Comisión le están brindando todo el apoyo a Medrano (declarado el día jueves pasado a los medios), por lo cual yo aseguré, a través de la televisión, que eso sucedería seguramente; sin embargo, el día viernes salen declaraciones en Ciudad Juárez del árbitro en cuestión, quien aseguró que los únicos que se han acercado a él con apoyo han sido sólo sus propios compañeros. Alguien no dice lo que está pasando en realidad y es una situación delicada. Lo déspota del Director General sí es un hecho incontrovertible ya que el propio Armando Archundia manifestó, en el momento de su salida de la Comisión como instructor, que no lo dejaron nunca dar una charla a los árbitros de Primera e internacionales (dada su vasta experiencia), y que también ésta persona le ordenó que ni siquiera después del entrenamiento se podía bañar en los baños de la Comisión e infinidad de otras situaciones que no son trascritas aquí de oídas, sino de palabras del propio interesado.   Hay muchos casos irregulares más como por ejemplo medir la grasa corporal pero no decirle a los interesados cuánto tienen, sino simplemente ya no programarlos por esta razón y nada más sin considerar su derecho a saber. Hoy resulta que es más importante la grasa corporal que la experiencia y capacidad para arbitrar o darle más valor a ese punto a que si los árbitros se desplazan muy bien dentro del campo y están cerca de la jugada. No importa esto último. Sin embargo, a algunos que sí lo necesitan se les admite que estén pasados de porcentaje de grasa o de peso, basta verlos en el campo para darse cuenta. Impusieron un reglamento que dice que si por dos veces consecutivas no pasan las pruebas físicas se les dará de baja, pero como todas las otras medidas reglamentarias se aplican para unos y para otros no y eso es lo que ha causado enorme desconcierto y disgusto de muchos. Pero en parte también la culpa es de los propios árbitros que están desunidos y han perdido terreno cediendo no sólo en derechos a un buen trato sino también en dignidad. Así pues el problema tiene dos aristas importantes. Los clubes se siguen quejando cada jornada, pero tampoco se ve que hagan algo por tratar de remediar un serio problema. Ésta es la Comisión que más ha dado de alta y de baja árbitros en toda su historia. Prueban y si a los pocos partidos no pudieron, los dan de baja total. Son como desechables sin importar los años invertidos en la preparación y los sacrificios realizados por ellos. Pero, ¿con qué preparación técnica los lanzan “al ruedo” de la Primera División? Así hemos visto cada año como aparecen y desaparecen árbitros como Medrano y muchísimos otros. El lado humano ya no existe, el lado técnico menos y eso va en detrimento de los seres humanos que hay en cada árbitro y de paso de los clubes que cada semana deben recibir la actuación de cada uno de ellos que son lanzados a Primera División con escasa preparación. Todos sufren las consecuencias.

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