El riesgo de perdonar una roja

La profesionalización del arbitraje, que poco a poco se ha ido logrando-aunque no tal vez a la velocidad que se requiere-ha traído aparejado situaciones positivas pero también aspectos negativos..

La profesionalización del arbitraje, que poco a poco se ha ido logrando -aunque no tal vez a la velocidad que se requiere- trae situaciones positivas pero también aspectos negativos dentro de la organización que se ven reflejados, a su vez, en el terreno de juego. El pagar más y mejor a los árbitros es una necesidad para poder disponer más de su tiempo en beneficio de una mejor preparación físico, atlética y técnica que redunde en mejores actuaciones dentro del terreno de juego. Eso es parte de lo positivo pero trae también el hecho de que el directivo sienta que a la usanza del viejo dicho de “que el que paga manda” se presione más a los hombres encargados de aplicar las leyes en las canchas para que sean más cuidadosos con el espectáculo. Sin embargo a priori esto no parece equivocado, pero en todo el mundo esto ha llevado a que el árbitro siente el temor y la presión psicológica de que hay que expulsar menos, o por lo menos ser más cuidadoso a la hora de mostrar las tarjetas. Y es que el directivo cree, de manera equivocada, que los árbitros deben de ser más permisivos y tolerantes a la hora de la sanción disciplinaria ya que una tarjeta roja deja fuera por lo menos un partido a aquellos que la reciban, y como se ha invertido mucho dinero en los jugadores, quieren que éstos no se vayan a la tribuna sino que estén en la cancha. Pero cuando un árbitro deja en la cancha a alguien que por reglamento debió ser expulsado y suspendido por poner en riesgo la integridad física del jugador, la resolución es contraproducente. Es decir, cuando se perdona una roja se está abriendo la puerta para que crezca el uso de la fuerza o la violencia aumentando la incidencia de lesiones que pueden llegar a ser graves y por lo tanto una pérdida mayor del activo de los clubes. La sanción reglamentaria tiene por objeto no sólo el castigo, sino implícito en sí mismo, la prevención. Lo vimos en el juego México-Senegal donde el 11 de este equipo, Touré, le metió una patada voladora directo al rostro de Héctor Herrera que no lo lesionó gravemente  de milagro y sólo vio la tarjeta amarilla. En la Jornada 3 pasó lo mismo en el arbitraje mexicano. Miguel Ángel Ayala en el Monterrey- Jaguares dejó sin sanción dos faltas graves de Jaguares que ameritaban, de acuerdo al reglamento, sendas tarjetas rojas y sólo vieron la tímida amarilla. Tanto Elgabry Rangel a los 24’ como Jorge Rodríguez a los 63’ debieron ver la tarjeta roja por sus acciones directas sobre las piernas de sus adversarios. Tal vez los directivos de Jaguares puedan estar satisfechos de que sus jugadores no hayan sido castigados pero, a la inversa y de seguir  permitiéndose la impunidad en otro juego, pueden sus jugadores recibir este tipo de faltas que los lesionen gravemente. ¡Cuidado! esto es un riesgo demasiado peligroso. La calificación de Ayala baja mucho por estas acciones no bien apreciadas y sancionadas conforme a la ley, además de no sancionar un penal por falta cometida sobre el chileno Suazo al entrar al área con balón dominado. Su puntaje es apenas de 7. Sin embargo, por otra parte Ricardo Arellano obtuvo una muy buena calificación ya que en el Monarcas-San Luis sanciona dos penales muy acertadamente. Siempre insistimos que para las reglas no existen faltas técnicas de tiro libre directo que sean pequeñas medianas o grandes, sino que todas son faltas por igual que ameritan la misma sanción y si son dentro del área que se defiende, serán castigadas con un tiro penal. La primera fue en el 28’, por un pequeño empujón por la espalda dentro del área de Monarcas, y  la segunda en el 51’ también por pequeña falta abajo sobre el tobillo del atacante. También dentro del parea de Monarcas, que fue en principio severamente criticado, porque se sostenía que no había existido dicha falta, convertida en gol por Sebastián Bruno Fernández para poner al visitante 2-1 momentáneamente. Calificación 8.7 muy buen trabajo arbitral.

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